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Opinión
Hace pocos días la prensa televisiva nos
puso en contacto con la realidad que se
está viviendo en Irak donde las resistencia
contra el yanqui invasor golpea diariamente
a las tropas del nuevo Furer o nuevo
Mussolini instalado para desgraciar del
mundo en la casa Blanca y a sus cómplices
en este inicuo ataque a un estado soberano.
Los invasores ni siquiera han podido mostrar
al mundo las poderosas terribles y
peligrosas armas ocultas por el régimen de
Sadam Hussein. Estos gendarmes del mundo ni
siquiera han pedido perdón a la humanidad
por su execrable conducta. Los españoles
muertos me dan mucha pena no solo por el
cariño que despierta en mí el recuerdo de
la Madre Patria donde residen y trabajan
tres hijos míos y donde han nacido hace
poco mi primer nieta española sino porque
estos siete integrantes del servicio de
inteligencia español no han muerto por su
patrias sino por que el gobierno de turno en
España se anotó como furgón de cola en
esta aventura del llamado tejano Tóxico por
que todo lo que toca le envenena, el
ocupante de turno en la residencia de los
Estado Unidos George W Busch. También pongo
en esta nota pues me parece importante
destacarlo que en la resistencia han muerto
luchando dos hijos de Sadam. Por lo que se
ve que la decisión y patriotismo de los
Iraquíes mal que les pese a lo chupamedias
de los Yanquis que por aquí deambulan, no
debe subestimarse. Nadie entre nosotros
conocía a los vietnamitas, los conocimos
por la guerra en su momento. Tal vez con
nosotros haya pasado lo mismo en algún
lugar del mundo a raíz del conflicto del
Atlántico Sur donde nuestro país enfrentó
al mismo enemigo que hoy enfrenta a combate
la resistencia iraquí.
Mientras elevo mis oraciones al Dios de los
ejércitos especialmente por los católicos
iraquíes mis hermanos en la fé y por todos
sus compatriotas, les recuerdo a los míos
aquella frase de nuestro ex. Presidente D.
Hipólito Irigoyen: los hombres son sagrados
para los hombres y los pueblos son sagrados
para los pueblos.
Hasta la próxima y felices fiestas.
Dr.
Ernesto Tomás Petrocchi
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