Por Armando Mathías D´ Auría

11/04/04

Vidas ejemplares
Santos y Beatos en el celuloide

Después de reyes, estadistas, guerreros, y artistas, les toca el turno a los santos. La hagiografía ocupa un lugar destacado en el cine; a veces aparece mezclada con la evocación de mitos y leyendas, en los relatos populares que recuerdan por su ingenuidad y colorido a los frescos medievales o a los “misterios” que se representaban en los atrios de las catedrales.
El cine se enfrenta, sin embargo, con una dificultad muy particular cuando intenta plasmar la vida de estos santos: intenta describir de una manera superficial, formal, los hechos, pero raramente logra hacer penetrar al espectador en la vida interior de esos hombres y esas mujeres, dedicados a la oración y la meditación, y cuya mayor grandeza reside en su propio desprendimiento.

En los mejores casos, la hagiografía cinematográfica suele quedarse a medio camino entre un relato banal, que se diferenciaría muy poco del cine histórico más convencional, y una obra de inspiración realmente religiosa, donde el espectador puede participar realmente del fervor de estos hombres de Dios. Estos obstáculos ya se habían planteado al tratar la filmografía sobre Jesucristo y Juana de Arco.
Entre los títulos más destacados figuran los siguientes:
“La canción de Bernardette” (“The song of Bernardette”, 1943) de Henry King, sobre Bernardette Soubirous y las apariciones de Lourdes, contó con Jenifer Jones para interpretar a la joven campesina, su condición de estrella de Hollywood restó intensidad dramática al personaje.

Thérèse de Lisieux fue llevada a la pantalla por Julien Duvivier en “Un milagro de Santa Teresa” ( “La vie miraculeuse de Thérèse Martin”, 1929.) Otros dos films franceses se centran también en distintos aspectos de la vida de esta santa: “Procés au Vatican” (1951) de André Haguet, y “Le vrai visage de sainte Thérèse de lisieux” (1960) de Philippe Agostini.
Gran éxito dentro de este género obtuvo Monsieur Vincent (1947), sobre la vida de San Vicente de Paúl, llamado el apóstol de la caridad. La notable interpretación de Pierre Fresnay contribuyó al lanzamiento del film.
Los films sobre santos, beatos, apóstoles, religiosos y profetas menudean dentro de la cinematografía española, de una larga lista merecen citarse “Forja de almas” (1943) de E. F. Ardavin sobre la vida del padre Andrés Marijón, fundador de las escuelas del Avemaría; “Misión blanca” (1946) de Juan de Orduña, con Julio Peña como el Padre Javier impartiendo el Evangelio en las misiones de la Guinea Española; “Capitán de Loyola” (1948) de José Díaz Morales, con Rafael Durán como Iñigo de Loyola; “La señora de Fátima” (1951) de Rafael Gil, sobre las milagrosas apariciones portuguesas; “Molokai” (1959) de Luis Lucía, biografía del Padre Damián de Venster en la isla de los leprosos, interpretada por Javier Escrivá; “Rosa de Lima” (1961) de José María Elorrieta, con María Mahor en el papel de la santa; “Fray Escoba” (1961) de Ramón Torrado, con el actor de color René Muñoz encarnando a San Martín de Porres; “Teresa de Jesús” (1963) de Juan de Orduña, con Aurora Bautista como la santa de Avila; “Isidro el labrador” (1963) de Rafael J. Salvia, biografía del patrón de madrid, interpretada por Javier Escrivá; “El señor de la Salle” (1965) de Luis César Amadori, con Mel Ferrer como Juan Bautista de la Salle; “Cotolay” (1966) de J. A. Nieves Conde, que relata un fragmento de la vida de Francisco de Asís encarnado por Vicente Parra; “Genoveva de Brabante” (1966) de Miguel Picazo, con Timothy Dalton como Juan de Dios; y, finalmente, “La portentosa vida del padre Vicente” (1978) de Carlos Mira, versión burlesca de la vida de San Vicente Ferrer, interpretada por el polémico Albert Boadella.

En Italia y también en otros mercados tuvo un gran éxito en su momento "Cielo sobre el pantano" ( "Cielo sulla palude", 1949) de Augusto Genina, que narraba con el estilo neorrealista propio de la escuela italiana, la tragedia de María Goretti.
Aún se pueden citar "Antonio de Padua" ( "Antonio di Padova", 1949) de Piero Francisi con Silvana Pampanini y Aldo Fabrizi; "L´appel du silence" (1936), obra consagrada al Padre Foucauld, de Leon Poirier; "La pélerin de l´enfer", de Henri Schneider, sobre el padre Damián, el apóstol de los leprosos, y "L´Athlète aux mains nues", de Marcel Garand, dedicado a San Miguel Garicoïts.
Nuestro país no escapó a la moda del género, por esos años se estrenaba "Rosa de América" (1946) de Alberto de Zavalía con Delia Garcés.
En 1965, Hugo Mugíca protagonizó “Esquiú, una luz en el sendero” de Ralph Pappier, una excelente versión de la vida de Fray Mamerto Esquiú.
Más adelante la realizadora María Luisa Bemberg nos deslumbró con el film "Yo, la peor de todas" (1990) inspirada en "Las trampas de la Fe" de Octavio Paz. La actriz española Assumpta Serna, encarnó el difícil rol de Sor Juana Inés de la Cruz.
Como se puede apreciar la abundancia de films biográficos no tiene en común más que la diversidad de su inspiración. De la cortesana al apóstol, no hay destino que le sea indiferente. De hecho, cualquiera que sea el personaje elegido siempre será el ser humano el que se convierta en objeto de estudio.
Es indispensable subrayar que esta selección de títulos se exhibían usualmente en fechas religiosas, brindando un ámbito propicio para captar la atención del espectador, y en donde preponderaba un ambiente de respeto y contemplación.

Para finalizar. Agradezco la colaboración del Museo Municipal del Cine “Pablo Christian Ducrós Hicken” de la ciudad de Buenos Aires y muy especialmente al Sr. Insaurralde (columnista e investigador cinematográfico) por sus desinteresados aportes en conocimientos al respecto. Y como de costumbre, mi eterno agradecimiento a ustedes, queridos lectores y amantes del cine.

 


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