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Vidas
ejemplares
Santos y Beatos en el celuloide
Después de reyes, estadistas, guerreros, y
artistas, les toca el turno a los santos. La
hagiografía ocupa un lugar destacado en el
cine; a veces aparece mezclada con la
evocación de mitos y leyendas, en los
relatos populares que recuerdan por su
ingenuidad y colorido a los frescos
medievales o a los “misterios” que se
representaban en los atrios de las
catedrales.
El cine se enfrenta, sin embargo, con una
dificultad muy particular cuando intenta
plasmar la vida de estos santos: intenta
describir de una manera superficial, formal,
los hechos, pero raramente logra hacer
penetrar al espectador en la vida interior
de esos hombres y esas mujeres, dedicados a
la oración y la meditación, y cuya mayor
grandeza reside en su propio
desprendimiento.
En los mejores casos, la hagiografía
cinematográfica suele quedarse a medio
camino entre un relato banal, que se
diferenciaría muy poco del cine histórico
más convencional, y una obra de
inspiración realmente religiosa, donde el
espectador puede participar realmente del
fervor de estos hombres de Dios. Estos
obstáculos ya se habían planteado al
tratar la filmografía sobre Jesucristo y
Juana de Arco.
Entre los títulos más destacados figuran
los siguientes:
“La canción de Bernardette” (“The
song of Bernardette”, 1943) de Henry King,
sobre Bernardette Soubirous y las
apariciones de Lourdes, contó con Jenifer
Jones para interpretar a la joven campesina,
su condición de estrella de Hollywood
restó intensidad dramática al personaje.
Thérèse de Lisieux fue llevada a la
pantalla por Julien Duvivier en “Un
milagro de Santa Teresa” ( “La vie
miraculeuse de Thérèse Martin”, 1929.)
Otros dos films franceses se centran
también en distintos aspectos de la vida de
esta santa: “Procés au Vatican” (1951)
de André Haguet, y “Le vrai visage de
sainte Thérèse de lisieux” (1960) de
Philippe Agostini.
Gran éxito dentro de este género obtuvo
Monsieur Vincent (1947), sobre la vida de
San Vicente de Paúl, llamado el apóstol de
la caridad. La notable interpretación de
Pierre Fresnay contribuyó al lanzamiento
del film.
Los films sobre santos, beatos, apóstoles,
religiosos y profetas menudean dentro de la
cinematografía española, de una larga
lista merecen citarse “Forja de almas”
(1943) de E. F. Ardavin sobre la vida del
padre Andrés Marijón, fundador de las
escuelas del Avemaría; “Misión blanca”
(1946) de Juan de Orduña, con Julio Peña
como el Padre Javier impartiendo el
Evangelio en las misiones de la Guinea
Española; “Capitán de Loyola” (1948)
de José Díaz Morales, con Rafael Durán
como Iñigo de Loyola; “La señora de
Fátima” (1951) de Rafael Gil, sobre las
milagrosas apariciones portuguesas; “Molokai”
(1959) de Luis Lucía, biografía del Padre
Damián de Venster en la isla de los
leprosos, interpretada por Javier Escrivá;
“Rosa de Lima” (1961) de José María
Elorrieta, con María Mahor en el papel de
la santa; “Fray Escoba” (1961) de Ramón
Torrado, con el actor de color René Muñoz
encarnando a San Martín de Porres; “Teresa
de Jesús” (1963) de Juan de Orduña, con
Aurora Bautista como la santa de Avila; “Isidro
el labrador” (1963) de Rafael J. Salvia,
biografía del patrón de madrid,
interpretada por Javier Escrivá; “El
señor de la Salle” (1965) de Luis César
Amadori, con Mel Ferrer como Juan Bautista
de la Salle; “Cotolay” (1966) de J. A.
Nieves Conde, que relata un fragmento de la
vida de Francisco de Asís encarnado por
Vicente Parra; “Genoveva de Brabante”
(1966) de Miguel Picazo, con Timothy Dalton
como Juan de Dios; y, finalmente, “La
portentosa vida del padre Vicente” (1978)
de Carlos Mira, versión burlesca de la vida
de San Vicente Ferrer, interpretada por el
polémico Albert Boadella.
En Italia y también en otros mercados tuvo
un gran éxito en su momento "Cielo
sobre el pantano" ( "Cielo sulla
palude", 1949) de Augusto Genina, que
narraba con el estilo neorrealista propio de
la escuela italiana, la tragedia de María
Goretti.
Aún se pueden citar "Antonio de
Padua" ( "Antonio di Padova",
1949) de Piero Francisi con Silvana
Pampanini y Aldo Fabrizi; "L´appel du
silence" (1936), obra consagrada al
Padre Foucauld, de Leon Poirier; "La
pélerin de l´enfer", de Henri
Schneider, sobre el padre Damián, el
apóstol de los leprosos, y
"L´Athlète aux mains nues", de
Marcel Garand, dedicado a San Miguel
Garicoïts.
Nuestro país no escapó a la moda del
género, por esos años se estrenaba
"Rosa de América" (1946) de
Alberto de Zavalía con Delia Garcés.
En 1965, Hugo Mugíca protagonizó “Esquiú,
una luz en el sendero” de Ralph Pappier,
una excelente versión de la vida de Fray
Mamerto Esquiú.
Más adelante la realizadora María Luisa
Bemberg nos deslumbró con el film "Yo,
la peor de todas" (1990) inspirada en
"Las trampas de la Fe" de Octavio
Paz. La actriz española Assumpta Serna,
encarnó el difícil rol de Sor Juana Inés
de la Cruz.
Como se puede apreciar la abundancia de
films biográficos no tiene en común más
que la diversidad de su inspiración. De la
cortesana al apóstol, no hay destino que le
sea indiferente. De hecho, cualquiera que
sea el personaje elegido siempre será el
ser humano el que se convierta en objeto de
estudio.
Es indispensable subrayar que esta
selección de títulos se exhibían
usualmente en fechas religiosas, brindando
un ámbito propicio para captar la atención
del espectador, y en donde preponderaba un
ambiente de respeto y contemplación.
Para
finalizar. Agradezco la colaboración del
Museo Municipal del Cine “Pablo Christian
Ducrós Hicken” de la ciudad de Buenos
Aires y muy especialmente al Sr. Insaurralde
(columnista e investigador cinematográfico)
por sus desinteresados aportes en
conocimientos al respecto. Y como de
costumbre, mi eterno agradecimiento a
ustedes, queridos lectores y amantes del
cine.
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