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Las
obras tendrán que esperar
Por
Gabriel Luis Lagomarsino
glagomarsino@propilar.org.ar
La
semana pasada, el Secretario de Hacienda
municipal Daniel Ondarza, manifestó ante
las cámaras del canal local que la
recaudación tributaria estaba marchando
bien, ya que en sus primeros 3 meses de
vida, la recaudación había logrado
incrementarse en unos 2,5 millones de pesos
con relación a igual período del año
anterior. Sin embargo, dos meses atrás
Ondarza había admitido que la cantidad de
vecinos que pagaron sus tasas había caído
un 30% por efecto de la reforma, y agregó
que la situación se revertiría en 6 meses.
En cambio, lo que sí aumentó de manera
incomprensible fue la dotación de personal
municipal: más de 500 personas según
fuentes confiables. Y esto es muy
preocupante, primero porque el consiguiente
aumento del gasto no irá a obras como
prometió el intendente a poco de aprobarse
la reforma tributaria, segundo porque el
mayor gasto corriente atará de manos no
sólo al intendente actual sino también a
quien lo suceda, y tercero porque en un
municipio que adhirió a la ley provincial
de emergencia económica, no parece
razonable gastar en personal más del 40%
del presupuesto; y menos cuando el mismo
jefe comunal integró el Concejo Deliberante
que aprobó la ordenanza que desde 2001 le
fijó dicha limitación al departamento
ejecutivo.
La relación entre el aumento de los
ingresos propios dividido el aumento de los
gastos en personal está lejísimos del 2,5
establecido por dicha ordenanza; más aún,
ni siquiera alcanzaría a 1, lo que
significa que la mayor recaudación irá a
parar íntegramente a pagar nuevos sueldos.
Y las obras tendrán que esperar.
El exiguo aumento nominal en la recaudación
se explica holgadamente por la mayor
actividad económica que beneficia a nuestro
país, y que repercute en los ingresos por
la tasa de seguridad e higiene que pagan los
comercios. En cambio, en la tasa por
mantenimiento de la vía pública y
servicios generales (ex ABL), la situación
es bien distinta. Si se hubiera mantenido
igual número de contribuyentes cumplidores,
la recaudación debería haber sido al menos
un ochenta por ciento mayor que el año
pasado, pero resulta que, según las
palabras de Ondarza, el aumento (nominal) en
la recaudación fue de sólo del treinta por
ciento.
Con
respecto a la cantidad de empleados, el
propio intendente dijo en diciembre que con
los 1.700 empleados con los que Bivort dejó
al municipio, sobraba gente, y con esa
afirmación justificó su decisión de
despedir a centenares de trabajadores,
aunque luego aceptó dar marcha atrás con
algunos casos, porque -se justificó- los
telegramas de despido habían sido enviados
"por error".
Resulta difícil establecer si los 2.300
empleados con los que cuenta ahora la
municipalidad, representan el número más
adecuado para realizar las tareas a su
cargo, pero en todo caso, preocupa la
magnitud del incremento. Sobre todo cuando
el mismo intendente se molestó en aclarar,
desde que ganó las elecciones del 14 de
septiembre pasado, que la planta de personal
municipal estaba
"sobredimensionada".
De todos modos, hasta que Pilar no cuente
con herramientas de participación moderna,
como el acceso a la información pública
propuesto por ProPilar y esperando aún el
despacho favorable de la Comisión de
Legislación del HCD, toda este tipo de
análisis que comparto con usted, lector,
estarán sujetos a los cuestionamientos y
desmentidas del funcionario de turno, quien
dispondrá a voluntad sobre qué cosas
difunde y cuáles silencia.
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