WebPilar.com

10/05/04

 

Nunca Más

En toda administración pública, siempre existieron distintas visiones sobre cómo administrar el poder y su relación con la sociedad.
Pareciera que buena parte del actual gobierno local gusta de ostentar el manejo e influencia que posee sobre los medios de prensa y especialmente sobre algunos periodistas. Esta parcialidad hipócrita disfruta leyendo los titulares por los que ellos mismos tan bien han pagado en tiempo y forma –con dinero público, por supuesto-.
Sin embargo, para que la “cadena de la felicidad” sea completa y no se rompa, es requisito indispensable que todos los actores de la prensa estén dispuestos a “venderse” o –como última instancia- dejarse presionar. Bastaría que uno sólo de los potenciales cómplices mediáticos no arregle para que la farsa caiga indefectiblemente.
Osvaldo Pugliese, Jefe de Gabinete de la administración Zúccaro, es el encargado de balancear la espada de Damocles sobre las empresas periodísticas, administrando una estrategia de “unto” y cohersión. Él es quien decide a qué medios favorece o perjudica, al igual de que a qué periodista se le paga suministro de prensa (sí, leyó bien), qué cantidad, a quién se facilita entrevistas y eventualmente, a qué díscolos apretar por distintas vías.
Este funcionario, que desde su juventud la jugó de militante de izquierda probo, transparente y ante todo democrático, nos resultó un reprochable hombre gris con aires de censor y una prepotencia nacida en su confusión de que el cargo es de origen divino y no emanado del voto de la gente.
Antes del altercado con WebPilar.com y PilarWeek, su manejo dictatorial sobre lo que se debe o no escribir en la prensa fue magistral. Pero esa estrategia, repito, requiere de todos los actores. Y desde este semanario pensamos distinto. Apostamos a ser antes que periodistas, ciudadanos; deseamos convertirnos en un verdadero agente de cambio de la sociedad en la que vivimos.
Finalmente quedó al descubierto que su zigzagueo político –del comunismo al zuccarismo- no fue otra cosa que amor por el poder antes que por el bien público. No podemos afirmar que es corrupto, pero sus acciones nos llaman a la duda y no vamos a calificar su conducta dado que un juez debe encargarse de ello.
Aceptamos las explicaciones esgrimidas por a quien todavía damos crédito; nuestro señor Intendente, pero eso no exhime a este personaje -que consideramos nefasto- de dar una disculpa pública. La estamos esperando.
Para quienes trabajamos en el Multimedio WebPilar.com / PilarWeek este oscuro episodio nos dejó un sabor agridulce: lo peor fue la actitud del periodismo local; de la inmensa cantidad de medios que existen en la ciudad, se pueden contar con los dedos de una mano quienes salieron a apoyarnos aunque sólo a título personal y privado. Ningún periodista se sintió tocado y «saltó» cuando el intendente en conferencia de prensa expresó que existía un medio que había perdido el rumbo... La mayoría se limitó a elucubrar sobre lo malo que sería una «guerra de medios» (triste para el que recibe regalitos) y apostar a si arreglaríamos o no.
Paralelamente las alegrías fueron inconmensurablemente mayores y llegaron desde las esferas que realmente importan: la Organización Periodistas dirigida por Horacio Verbitsky, el diario La Nación, Poder Ciudadano, la Defensoría del Pueblo de Pilar, el Concejo Deliberante, la Defensoría del Pueblo de la Nación, el Programa Internacional Periodistas contra la Corrupción de Probidad (con sede en El Salvador), la comisión de libertad de expresión de la Honorable Cámara de Diputados del Congreso Nacional, y podríamos seguir...... Todas estas entidades y organismo no sólo expresaron su «apoyo moral» sino que pusieron a disposición nuestra todo un andamiaje legal/administrativo para utilizar en caso de ser necesario.
Entrar en conflicto contra un Estado Municipal no estaba en los cálculos y sólo nos restaba aferrarnos a nuestras convicciones. Tal vez la mayor lección que nos dejó este altercado es una luz de esperanza: las instituciones de la democracia funcionan. Sólo hay que saber invocarlas.


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