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Opinión
Seis
meses de gestos,
por Gabriel Lagomarsino (*)
En su propio balance de los 180 días que
está cumpliendo como Intendente de Pilar,
Zúccaro dijo que lo más positivo era que
"hoy no se habla de corrupción dentro
de la administración".
Quienes
vivimos en el campo, aprendimos que los
teros, a fin de proteger a su cría,
desorientan a los intrusos
"gritando" lejos del nido. Y esa
parece ser la estrategia comunicacional del
intendente, porque afirmar que su mayor
logro es haber derrotado a la corrupción,
implica demostrar que este gobierno es
transparente, y que el anterior no lo fue.
En su lucha contra la corrupción el jefe
comunal tuvo abundantes gestos, pero sus
acciones concretas fueron decididamente a
contramano.
Se ocupó durante meses de defenestrar el
contrato con Tecsa, y hasta habló de
desfalco, pero finalmente terminó
rescindiéndolo a cambio de más de tres
millones de pesos; ¿esa fue "la mejor
salida posible"?; si la ley le
permitía hacerlo sin costo alguno ¿porqué
tuvo que pagar -con dinero de todos-
semejante cifra?.
Cuando la administración anterior llevaba 6
meses de gobierno, contaba con un plan de
consolidado de calles que pretendidamente
resolvía el problema que significa para los
vecinos transitar cualquiera de las veinte
mil cuadras de tierra de nuestro distrito;
¿cuál es el plan alternativo de Zúccaro?
¿condenar a los barrios a seguir
conviviendo con el barro, y que ambulancias,
bomberos y policías no puedan llegar por el
estado de las calles?.
En cuanto a la hacienda pública, el
intendente impulsó la nefasta reforma
tributaria, cuya consecuencia -ya innegable-
es que la cantidad de contribuyentes que
cumplen sus obligaciones disminuyó en al
menos un 30%, retrotrayendo los exiguos
índices de cobrabilidad a los aun peores
niveles de 1999. Ahora usted y yo tendremos
que pagar más porque somos menos los que
seguimos pagando; y para empeorar aún más
las cosas, los gastos municipales no dejan
de crecer.
De las empresas concesionarias de servicios
públicos, dijo que "durante mucho
tiempo han ganado plata y ahora deben
sacrificarse"; lamentablemente,
parecería que el intendente es incapaz de
ver la realidad, porque los negocios no
funcionan así. Hoy como ayer las
inversiones se deciden con el bolsillo, y
ninguna empresa aceptará trabajar a
pérdida.
En cuanto a la planta de personal municipal,
ha aumentado de manera irresponsable en
alrededor de 500 personas, al punto que un
aumento en los ingresos públicos nominales
difícilmente alcance para solventar el
mayor gasto en sueldos. Para colmo de males,
en esta gestión se dejó de lado el ingreso
por concurso establecido por Bivort,
mecanismo transparente que permite escoger a
los mejores para cada puesto, y no a los
más amigos.
Así, el aumento insostenible de gastos
hará que no se cuente con dinero para la
obra pública, y ello será intolerable para
miles y miles de familias pilarenses, que
esperan desde hace años y rezan a diario
para que el invierno no sea muy lluvioso,
porque si lo fuera, los más chicos no
podrán ir a la escuela, y los más grandes
no podrán ir a trabajar o a buscar trabajo.
Y a pesar de la opinión de Diego Schejtman
en El Diario del Domingo pasado ("...
La deuda de 25 millones de pesos... es una
cuesta demasiado empinada para remontar en
pocos meses"), debemos poner las cosas
en su lugar: ¿cómo se componen esos 25
millones? ¿cuál es el plan de
refinanciación elaborado por el gobierno?
¿cuánto dinero del presupuesto 2004
destinará a cancelar la deuda?. Si estas
preguntas quedaran sin respuestas, la
cuestión de la "herencia
recibida" habrá sido más
escenográfica que real, más destinada a
impresionar que a transparentar la
situación.
Los seis meses que el intendente Zúccaro
pidió como plazo para evaluar la marcha de
su gobierno se cumplieron. Ahora llegó el
tiempo de dejar de lado los gestos, y
empezar en serio a "hacer
gestión".
Para ello deberá dejar definitivamente de
lado los discursos de campaña y elaborar
junto a sus funcionarios (que los hay muy
buenos), y junto a los vecinos (que aún
confían en él), un plan estratégico que
resuelva los graves problemas que afronta el
distrito, y de los cuales él, por haber
sido concejal durante 12 largos años, es
más responsable que víctima.
(*)
Miembro de ProPilar, asociación cívica no
partidaria.
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