Correo de Lectores

12/06/04

 

 

Opinión
Seis meses de gestos
, por Gabriel Lagomarsino (*)

En su propio balance de los 180 días que está cumpliendo como Intendente de Pilar, Zúccaro dijo que lo más positivo era que "hoy no se habla de corrupción dentro de la administración".

Quienes vivimos en el campo, aprendimos que los teros, a fin de proteger a su cría, desorientan a los intrusos "gritando" lejos del nido. Y esa parece ser la estrategia comunicacional del intendente, porque afirmar que su mayor logro es haber derrotado a la corrupción, implica demostrar que este gobierno es transparente, y que el anterior no lo fue. En su lucha contra la corrupción el jefe comunal tuvo abundantes gestos, pero sus acciones concretas fueron decididamente a contramano.
Se ocupó durante meses de defenestrar el contrato con Tecsa, y hasta habló de desfalco, pero finalmente terminó rescindiéndolo a cambio de más de tres millones de pesos; ¿esa fue "la mejor salida posible"?; si la ley le permitía hacerlo sin costo alguno ¿porqué tuvo que pagar -con dinero de todos- semejante cifra?.
Cuando la administración anterior llevaba 6 meses de gobierno, contaba con un plan de consolidado de calles que pretendidamente resolvía el problema que significa para los vecinos transitar cualquiera de las veinte mil cuadras de tierra de nuestro distrito; ¿cuál es el plan alternativo de Zúccaro? ¿condenar a los barrios a seguir conviviendo con el barro, y que ambulancias, bomberos y policías no puedan llegar por el estado de las calles?.
En cuanto a la hacienda pública, el intendente impulsó la nefasta reforma tributaria, cuya consecuencia -ya innegable- es que la cantidad de contribuyentes que cumplen sus obligaciones disminuyó en al menos un 30%, retrotrayendo los exiguos índices de cobrabilidad a los aun peores niveles de 1999. Ahora usted y yo tendremos que pagar más porque somos menos los que seguimos pagando; y para empeorar aún más las cosas, los gastos municipales no dejan de crecer.
De las empresas concesionarias de servicios públicos, dijo que "durante mucho tiempo han ganado plata y ahora deben sacrificarse"; lamentablemente, parecería que el intendente es incapaz de ver la realidad, porque los negocios no funcionan así. Hoy como ayer las inversiones se deciden con el bolsillo, y ninguna empresa aceptará trabajar a pérdida.
En cuanto a la planta de personal municipal, ha aumentado de manera irresponsable en alrededor de 500 personas, al punto que un aumento en los ingresos públicos nominales difícilmente alcance para solventar el mayor gasto en sueldos. Para colmo de males, en esta gestión se dejó de lado el ingreso por concurso establecido por Bivort, mecanismo transparente que permite escoger a los mejores para cada puesto, y no a los más amigos.
Así, el aumento insostenible de gastos hará que no se cuente con dinero para la obra pública, y ello será intolerable para miles y miles de familias pilarenses, que esperan desde hace años y rezan a diario para que el invierno no sea muy lluvioso, porque si lo fuera, los más chicos no podrán ir a la escuela, y los más grandes no podrán ir a trabajar o a buscar trabajo.
Y a pesar de la opinión de Diego Schejtman en El Diario del Domingo pasado ("... La deuda de 25 millones de pesos... es una cuesta demasiado empinada para remontar en pocos meses"), debemos poner las cosas en su lugar: ¿cómo se componen esos 25 millones? ¿cuál es el plan de refinanciación elaborado por el gobierno? ¿cuánto dinero del presupuesto 2004 destinará a cancelar la deuda?. Si estas preguntas quedaran sin respuestas, la cuestión de la "herencia recibida" habrá sido más escenográfica que real, más destinada a impresionar que a transparentar la situación.
Los seis meses que el intendente Zúccaro pidió como plazo para evaluar la marcha de su gobierno se cumplieron. Ahora llegó el tiempo de dejar de lado los gestos, y empezar en serio a "hacer gestión".
Para ello deberá dejar definitivamente de lado los discursos de campaña y elaborar junto a sus funcionarios (que los hay muy buenos), y junto a los vecinos (que aún confían en él), un plan estratégico que resuelva los graves problemas que afronta el distrito, y de los cuales él, por haber sido concejal durante 12 largos años, es más responsable que víctima.

(*) Miembro de ProPilar, asociación cívica no partidaria.

 


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