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Adonis Cormery
Amo del Tiempo
Leyenda viviente del Pilar del siglo
pasado y testigo de todo lo acontecido en
los últimos cien años, don Adonis Cormery
es una institución en sí mismo.
Este legendario vecino de Pilar recibió a
Revista Pilar City & Countries en su
casa de un club de campo local.
Desde el momento en que abrió su relojería
y joyería hace ya casi 71 años, este
horólogo ha sido un símbolo de la
prosperidad y del crecimiento comercial
experimentado por la ciudad a través de las
décadas.
El negocio con el que comenzó se ha
transformado en una importante cadena de
joyerías que hoy llevan su apellido como
marca registrada y son un referente en la
materia.
Actualmente, don Adonis Cormery tiene 96
años, y junto a su esposa María Crifasi
(cinco años menor) conforman uno de los
matrimonios más longevos del Partido,
unión tan antigua como irrompible.
Nacidos ambos en Pilar, el destino quiso que
Adonis viviera su infancia en otras zonas,
como la Capital Federal y Santa Fe, para
regresar a sus pagos cuando despuntaba la
década de 1930.
Historia de un emprendedor
“Mi padre era francés, y se dedicaba a la
mecánica de embarcaciones, lanchas y
trenes, entre otros vehículos. Mi madre era
oriunda de la zona de Villa Rosa, y todavía
recuerdo los almuerzos en la casa de mi
abuela materna”, contó Cormery a Pilar
C&C.
Al respecto, rememora que en esas comidas en
Villa Rosa, era indispensable no hacer el
menor ruido, ni siquiera con los cubiertos,
ya que la lucha contra los indios aún era
un recuerdo fresco, y el temor a alertar a
los malones se había trasladado hasta las
más sencillas de las costumbres.
“En esos tiempos, a Pilar se llegaba a
través de callejones abiertos en los
campos, ya que no existían las rutas.
Cuando llovía, la zona se volvía
pantanosa, y los paisanos desencajaban los
autos a cambio de propinas. Luego vieron el
negocio, y embarraban ellos mismos el camino
para ganarse unos pesos”, recuerda ahora
entre sonrisas.
De pequeño, el mayor entretenimiento de
Adonis era desarmar y armar relojes, pasión
que se tradujo en estudio al momento de
elegir su profesión. Así fue como se
inscribió en la Escuela de Relojeros,
ubicada en la calle Ayacucho de Buenos
Aires, y allí aprendió los secretos de la
obra de Claude Sassin, un famoso horólogo y
astrónomo francés.
Finalmente, algo que pocos saben es que el
pilarense Cormery no abrió su primer local
en nuestra ciudad sino en el barrio porteño
de Palermo; pero tras un robo sumado a la
crisis del ’30, decidió volver a Pilar,
con un destino muy diferente: ser celador en
el mítico Colegio Pellegrini.
Entre los pasillos de la escuela no tardó
en demostrar su verdadera habilidad: “un
profesor se quejaba porque no encontraba a
nadie que pudiera reparar su reloj. Yo se lo
pedí, lo desarmé y lo compuse, funcionando
perfectamente” Es más: casi 75 años
después, don Adonis recuerda con exactitud
ante este cronista los detalles del arreglo.
Pero sus “andanzas” en el Pellegrini
como experto relojero no terminaron allí:
demostrando innatas dotes de inventor,
diseñó un reloj programado para sonar en
los horarios de recreo y entrada a clases.
“Sonaba para marcar el inicio de las
clases, luego a los 40 minutos anunciaba el
recreo, 10 minutos más tarde indicaba el
fin del recreo, y así sucesivamente”,
expresa con humildad, como si su invención
fuese sencilla en aquellos días.
En 1935 si llegó la gran oportunidad:
Adonis Cormery inauguró su primer negocio
en Pilar, alquilando un pequeño local en la
calle Rivadavia, a pocos metros del actual.
Eran tiempos en los que esta principal
arteria del casco céntrico aún era de
tierra. Recién en 1942 –previo casamiento
con María- se produjo la mudanza definitiva
al local que hoy todos conocen al 500 de la
calle Rivadavia, y que con el paso del
tiempo se convirtió en un estandarte de la
ciudad, expandiendo sus servicios a casi
todos los shoppings de la zona.
En ese entonces, Pilar sólo tenía un
taller de compostura de relojes, y Adonis
demostró sus cualidades desde el principio.
“Yo mismo fabricaba las piezas –asegura-,
ya que salía más barato construir las
ruedas y piñones rotos que viajar hasta la
Capital a comprar los repuestos”.
Allí fueron llegando los tiempos de
prosperidad y crecimiento, además de los
hijos: Elda y Mario, este último fue quien
continuó con la tradición familiar. A él
le entregaron las riendas del negocio a
principios de la década de 1970, cuando el
matrimonio Cormery-Crifasi decidió poner
fin a casi 40 años de ininterrumpida
actividad, para iniciar juntos un merecido
descanso.
“Cuando le dejamos el local a Mario –indica
María- nos mudamos a San Miguel, ciudad
donde vivía Elda. Allí permanecimos
durante 25 años, viviendo en un
departamento, pero Adonis quiso volver a
Pilar, a una casa”. Así es como el
matrimonio retornó a ésta su ciudad natal,
hace ya diez años. “Claro que, cuando
volvimos, encontramos un Pilar totalmente
distinto al que habíamos dejado”,
expresa.
Como si se tratara de una versión libre de
“La persistencia de la memoria”, el
célebre cuadro de Salvador Dalí, los
relojes permanecen cómodamente instalados
en la mente y el alma de Adonis Cormery.
Sólo que allí no se derriten ni se
deforman: aún hoy indican la hora exacta.
El calendario Perpetuo
Con posterioridad al novedoso reloj
ideado durante su estadía en el colegio
Carlos Pellegrini, Adonis Cormery volvió a
sorprender a propios y extraños pocos años
más tarde, con una nueva invención: un
reloj con calendario perpetuo, que no sólo
marcaba la hora, sino también el día, la
fecha y el mes corriente.
“Lo construí con la base de un reloj de
péndulo francés, y logré una precisión y
exactitud inigualables”, asegura hoy el
horólogo. “Es más –agrega-: en esa
época se decía que, en el año 2000,
febrero tendría 30 días, por lo que
preparé al reloj para tal ocasión. Luego
se decidió que eso no ocurriría, por lo
que tuve que reajustar ese detalle”.
Actualmente, el reloj descansa en el living
del hogar del matrimonio, y continúa dando
la hora con exactitud, no ocurriendo lo
mismo con la fecha. “Es que está
fabricado en un 80% de bronce, y esas partes
se han ido gastando”. No se preocupe, don
Cormery, está más que disculpado.
Los “hombres de las calles”
Hablar con Adonis Cormery y María Crifasi
es abrir un libro de la historia de Pilar
del siglo XX. En la charla se agolpan gran
cantidad de datos, y entre lámparas a
kerosene, calles de tierra y bailes en
clubes surge una pregunta: ¿conocieron
ellos a algunas de las personas que hoy dan
nombre a las más representativas calles
pilarenses? La respuesta es sí.
• “Pedro Lagrave fue intendente, un
intendente muy querido por su pueblo –asegura
María-. De Tomás Márquez sentimos hablar
cuando éramos niños, pero no tenemos
recuerdos”.
• “Camilo Costa fue un vecino muy
destacado. Junto a su esposa fueron un
matrimonio respetado por todos”.
• “Nazarre era un coronel algo
fanfarrón, espero que ningún familiar se
enoje (risas)”, indica María.
• “Víctor Vergani era aviador, y muy
arriesgado: sobrevolaba la Plaza 12 de
Octubre, ponía su avión de costado, y
pasaba entre medio de las dos torres de la
Iglesia. Yo lo he visto hacer eso. Recuerdo
que Doña Pepa, su mamá, al verlo se
descomponía del susto...”, rememora
Adonis.
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