Revista Pilar C & C

12/02/06

 

Adonis Cormery
Amo del Tiempo

Leyenda viviente del Pilar del siglo pasado y testigo de todo lo acontecido en los últimos cien años, don Adonis Cormery es una institución en sí mismo.

Este legendario vecino de Pilar recibió a Revista Pilar City & Countries en su casa de un club de campo local.
Desde el momento en que abrió su relojería y joyería hace ya casi 71 años, este horólogo ha sido un símbolo de la prosperidad y del crecimiento comercial experimentado por la ciudad a través de las décadas.
El negocio con el que comenzó se ha transformado en una importante cadena de joyerías que hoy llevan su apellido como marca registrada y son un referente en la materia.
Actualmente, don Adonis Cormery tiene 96 años, y junto a su esposa María Crifasi (cinco años menor) conforman uno de los matrimonios más longevos del Partido, unión tan antigua como irrompible.
Nacidos ambos en Pilar, el destino quiso que Adonis viviera su infancia en otras zonas, como la Capital Federal y Santa Fe, para regresar a sus pagos cuando despuntaba la década de 1930.

Historia de un emprendedor
“Mi padre era francés, y se dedicaba a la mecánica de embarcaciones, lanchas y trenes, entre otros vehículos. Mi madre era oriunda de la zona de Villa Rosa, y todavía recuerdo los almuerzos en la casa de mi abuela materna”, contó Cormery a Pilar C&C.
Al respecto, rememora que en esas comidas en Villa Rosa, era indispensable no hacer el menor ruido, ni siquiera con los cubiertos, ya que la lucha contra los indios aún era un recuerdo fresco, y el temor a alertar a los malones se había trasladado hasta las más sencillas de las costumbres.
“En esos tiempos, a Pilar se llegaba a través de callejones abiertos en los campos, ya que no existían las rutas. Cuando llovía, la zona se volvía pantanosa, y los paisanos desencajaban los autos a cambio de propinas. Luego vieron el negocio, y embarraban ellos mismos el camino para ganarse unos pesos”, recuerda ahora entre sonrisas.
De pequeño, el mayor entretenimiento de Adonis era desarmar y armar relojes, pasión que se tradujo en estudio al momento de elegir su profesión. Así fue como se inscribió en la Escuela de Relojeros, ubicada en la calle Ayacucho de Buenos Aires, y allí aprendió los secretos de la obra de Claude Sassin, un famoso horólogo y astrónomo francés.

Finalmente, algo que pocos saben es que el pilarense Cormery no abrió su primer local en nuestra ciudad sino en el barrio porteño de Palermo; pero tras un robo sumado a la crisis del ’30, decidió volver a Pilar, con un destino muy diferente: ser celador en el mítico Colegio Pellegrini.
Entre los pasillos de la escuela no tardó en demostrar su verdadera habilidad: “un profesor se quejaba porque no encontraba a nadie que pudiera reparar su reloj. Yo se lo pedí, lo desarmé y lo compuse, funcionando perfectamente” Es más: casi 75 años después, don Adonis recuerda con exactitud ante este cronista los detalles del arreglo.
Pero sus “andanzas” en el Pellegrini como experto relojero no terminaron allí: demostrando innatas dotes de inventor, diseñó un reloj programado para sonar en los horarios de recreo y entrada a clases. “Sonaba para marcar el inicio de las clases, luego a los 40 minutos anunciaba el recreo, 10 minutos más tarde indicaba el fin del recreo, y así sucesivamente”, expresa con humildad, como si su invención fuese sencilla en aquellos días.
En 1935 si llegó la gran oportunidad: Adonis Cormery inauguró su primer negocio en Pilar, alquilando un pequeño local en la calle Rivadavia, a pocos metros del actual. Eran tiempos en los que esta principal arteria del casco céntrico aún era de tierra. Recién en 1942 –previo casamiento con María- se produjo la mudanza definitiva al local que hoy todos conocen al 500 de la calle Rivadavia, y que con el paso del tiempo se convirtió en un estandarte de la ciudad, expandiendo sus servicios a casi todos los shoppings de la zona.
En ese entonces, Pilar sólo tenía un taller de compostura de relojes, y Adonis demostró sus cualidades desde el principio. “Yo mismo fabricaba las piezas –asegura-, ya que salía más barato construir las ruedas y piñones rotos que viajar hasta la Capital a comprar los repuestos”.

Allí fueron llegando los tiempos de prosperidad y crecimiento, además de los hijos: Elda y Mario, este último fue quien continuó con la tradición familiar. A él le entregaron las riendas del negocio a principios de la década de 1970, cuando el matrimonio Cormery-Crifasi decidió poner fin a casi 40 años de ininterrumpida actividad, para iniciar juntos un merecido descanso.
“Cuando le dejamos el local a Mario –indica María- nos mudamos a San Miguel, ciudad donde vivía Elda. Allí permanecimos durante 25 años, viviendo en un departamento, pero Adonis quiso volver a Pilar, a una casa”. Así es como el matrimonio retornó a ésta su ciudad natal, hace ya diez años. “Claro que, cuando volvimos, encontramos un Pilar totalmente distinto al que habíamos dejado”, expresa.
Como si se tratara de una versión libre de “La persistencia de la memoria”, el célebre cuadro de Salvador Dalí, los relojes permanecen cómodamente instalados en la mente y el alma de Adonis Cormery. Sólo que allí no se derriten ni se deforman: aún hoy indican la hora exacta.

El calendario Perpetuo
Con posterioridad al novedoso reloj ideado durante su estadía en el colegio Carlos Pellegrini, Adonis Cormery volvió a sorprender a propios y extraños pocos años más tarde, con una nueva invención: un reloj con calendario perpetuo, que no sólo marcaba la hora, sino también el día, la fecha y el mes corriente.
“Lo construí con la base de un reloj de péndulo francés, y logré una precisión y exactitud inigualables”, asegura hoy el horólogo. “Es más –agrega-: en esa época se decía que, en el año 2000, febrero tendría 30 días, por lo que preparé al reloj para tal ocasión. Luego se decidió que eso no ocurriría, por lo que tuve que reajustar ese detalle”.
Actualmente, el reloj descansa en el living del hogar del matrimonio, y continúa dando la hora con exactitud, no ocurriendo lo mismo con la fecha. “Es que está fabricado en un 80% de bronce, y esas partes se han ido gastando”. No se preocupe, don Cormery, está más que disculpado.

Los “hombres de las calles”
Hablar con Adonis Cormery y María Crifasi es abrir un libro de la historia de Pilar del siglo XX. En la charla se agolpan gran cantidad de datos, y entre lámparas a kerosene, calles de tierra y bailes en clubes surge una pregunta: ¿conocieron ellos a algunas de las personas que hoy dan nombre a las más representativas calles pilarenses? La respuesta es sí.
• “Pedro Lagrave fue intendente, un intendente muy querido por su pueblo –asegura María-. De Tomás Márquez sentimos hablar cuando éramos niños, pero no tenemos recuerdos”.
• “Camilo Costa fue un vecino muy destacado. Junto a su esposa fueron un matrimonio respetado por todos”.
• “Nazarre era un coronel algo fanfarrón, espero que ningún familiar se enoje (risas)”, indica María.
• “Víctor Vergani era aviador, y muy arriesgado: sobrevolaba la Plaza 12 de Octubre, ponía su avión de costado, y pasaba entre medio de las dos torres de la Iglesia. Yo lo he visto hacer eso. Recuerdo que Doña Pepa, su mamá, al verlo se descomponía del susto...”, rememora Adonis.

 

 


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