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50 años honrando hilos y agujas
La modista Hilda Iribarren, vecina
pilarense de nacimiento, acaba de cumplir 50
años en su profesión, y en una entrevista
con Pilar City & Countries rememoró las
vivencias de quien recorrió un largo camino
dentro de la historia de la moda de la
localidad.
“Desde chica me gustaba la costura: era la
típica nena que le confeccionaba vestidos a
sus muñecas”, recuerda ahora Hilda en su
casa de Villa Buide.
Los sábados, clubes como Sportivo y
Atlético recibían gran cantidad de gente
para sus tradicionales bailes, en donde
todos se movían al ritmo de las orquestas
del momento. Los hombres portaban riguroso
traje, mientras que las mujeres estrenaban
allí sus vestidos, muchos de ellos hechos
por Iribarren.
Hace ya medio siglo, el 28 de diciembre de
1955, la joven Hilda se recibió –con un
promedio de 10- de modista en la Academia
Central Mendía. Los pedidos no tardaron en
llegar: en marzo siguiente ya había
confeccionado tres trajes de novia. Así
comenzó una carrera orientada a este tipo
de costura, tarea que despertó toda su faz
creativa.
Hoy la modista calcula que son alrededor de
trescientos los vestidos de novia, y más de
mil los de fiesta que ocupan su trayectoria.
Por su taller pasaron muchísimas de las
mujeres que formaron y forman parte de las
familias más tradicionales del Partido,
enumerando apellidos muy conocidos para los
pilarenses que peinan canas, como Fassino,
Gianelli, Naughton, Loraschi y Fava.
Glamorosa
No muy afecta a los estilos básicos y
sencillos, Hilda Iribarren nunca temió a
los desafíos que su profesión le imponía.
“Mientras más complicado es lo que me
piden, más me gusta –asegura-. Desde un
principio me atrajeron los vestidos
imponentes, los más difíciles de hacer.
Creo que así mi trabajo se luce más”.
Criada en un Pilar diametralmente opuesto al
actual, la modista reconoce que “nunca
dejé de tener trabajo; a veces más, a
veces menos. En el Partido no existían las
tiendas que vendían vestidos hechos, por lo
que todos eran encargados a las modistas”.
Sin embargo, a pesar de la llegada del
progreso y de los grandes negocios,
Iribarren no detuvo su actividad ni un
momento: aunque señala al período
1965-1975 como “la época de oro”.
Nada aleja a Hilda de la máquina de coser:
todos los años “despunta el vicio” en
los Torneos Abuelos Bonaerenses, llegando a
la final de Mar del Plata en siete
ocasiones. Además, convencida por su
marido, diseñó y elaboró los uniformes de
gala de los Bomberos Voluntarios.
Por un capricho del destino, Hilda si bien
se ha ocupado de trescientas novias, la vida
no le dio hijas mujeres a quienes vestir en
ese trascendental día. Por eso, la modista
confiesa atesorar un sueño que espera
cumplir algún día: “tengo un solo hijo
varón, pero cuatro nietas mujeres –Florencia,
Agustina, Julieta y Carolina-. Mi gran deseo
es poder diseñarles sus vestidos de novia.
Sería un broche de oro insuperable”.
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