Revista Pilar C & C

15/02/06

 

50 años honrando hilos y agujas

La modista Hilda Iribarren, vecina pilarense de nacimiento, acaba de cumplir 50 años en su profesión, y en una entrevista con Pilar City & Countries rememoró las vivencias de quien recorrió un largo camino dentro de la historia de la moda de la localidad.

“Desde chica me gustaba la costura: era la típica nena que le confeccionaba vestidos a sus muñecas”, recuerda ahora Hilda en su casa de Villa Buide.
Los sábados, clubes como Sportivo y Atlético recibían gran cantidad de gente para sus tradicionales bailes, en donde todos se movían al ritmo de las orquestas del momento. Los hombres portaban riguroso traje, mientras que las mujeres estrenaban allí sus vestidos, muchos de ellos hechos por Iribarren.
Hace ya medio siglo, el 28 de diciembre de 1955, la joven Hilda se recibió –con un promedio de 10- de modista en la Academia Central Mendía. Los pedidos no tardaron en llegar: en marzo siguiente ya había confeccionado tres trajes de novia. Así comenzó una carrera orientada a este tipo de costura, tarea que despertó toda su faz creativa.
Hoy la modista calcula que son alrededor de trescientos los vestidos de novia, y más de mil los de fiesta que ocupan su trayectoria. Por su taller pasaron muchísimas de las mujeres que formaron y forman parte de las familias más tradicionales del Partido, enumerando apellidos muy conocidos para los pilarenses que peinan canas, como Fassino, Gianelli, Naughton, Loraschi y Fava.

Glamorosa
No muy afecta a los estilos básicos y sencillos, Hilda Iribarren nunca temió a los desafíos que su profesión le imponía. “Mientras más complicado es lo que me piden, más me gusta –asegura-. Desde un principio me atrajeron los vestidos imponentes, los más difíciles de hacer. Creo que así mi trabajo se luce más”.

Criada en un Pilar diametralmente opuesto al actual, la modista reconoce que “nunca dejé de tener trabajo; a veces más, a veces menos. En el Partido no existían las tiendas que vendían vestidos hechos, por lo que todos eran encargados a las modistas”. Sin embargo, a pesar de la llegada del progreso y de los grandes negocios, Iribarren no detuvo su actividad ni un momento: aunque señala al período 1965-1975 como “la época de oro”.
Nada aleja a Hilda de la máquina de coser: todos los años “despunta el vicio” en los Torneos Abuelos Bonaerenses, llegando a la final de Mar del Plata en siete ocasiones. Además, convencida por su marido, diseñó y elaboró los uniformes de gala de los Bomberos Voluntarios.
Por un capricho del destino, Hilda si bien se ha ocupado de trescientas novias, la vida no le dio hijas mujeres a quienes vestir en ese trascendental día. Por eso, la modista confiesa atesorar un sueño que espera cumplir algún día: “tengo un solo hijo varón, pero cuatro nietas mujeres –Florencia, Agustina, Julieta y Carolina-. Mi gran deseo es poder diseñarles sus vestidos de novia. Sería un broche de oro insuperable”.

 

 


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