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"Hay
jueces que fueron nombrados porque no había
otros mejores"
El
Dr. Tomás Pérez Bodria es conjuez de la
Corte Suprema de Justicia Bonaerense. Este
año, se candidatea a la presidencia del
Colegio de Abogados de San Isidro. En una
entrevista a fondo, habla de su concepción
de la Justicia y el sistema judicial.
Para
Tomás Pérez Bodria, el 2006 no será un
año más en su amplia trayectoria como
abogado y jurista. Ya comenzó a componer
los tribunales de enjuiciamiento contra
jueces que se vean involucrados en causas
penales y, en mayo, podría ver coronados
sus 28 años de carrera nada menos que con
la presidencia del Colegio de Abogados de
San Isidro.
El experimentado letrado pilarense es desde
octubre pasado conjuez de la Corte Suprema
de Justicia provincial. La nominación es la
máxima distinción que el Tribunal puede
otorgar a un abogado y se entrega de acuerdo
con la trayectoria del profesional. Ésta
habilita para formar parte de los juries de
enjuiciamiento contra magistrados
provinciales.
Crítico absoluto de la última reforma
judicial realizada en la Provincia hace
siete años, considera que el nuevo sistema
creado es el responsable de la mayoría de
las falencias de las que sufre actualmente
la Justicia bonaerense. De hecho, una de sus
plataformas de campaña para obtener la
titularidad del cuerpo colegiado de San
Isidro es, precisamente, impulsar una nueva
modificación del Código Procesal Penal,
con el fin de agilizar los burocráticos
procesos judiciales.
En una entrevista exclusiva para Revista
Pilar City & Countries, Pérez
Bodria explica las razones de un presente
poco eficiente del sistema punitivo del
Estado provincial.
Revista
Pilar -¿Cómo calificaría el nivel actual
de los jueces provinciales?
Tomás Pérez Bodria -La sanción del
nuevo Código de Procedimientos Penal, en el
año 1998, requirió la nominación de una
alta cantidad de funcionarios judiciales.
Esta necesidad significó que la misión del
Consejo de la Magistratura (que elige los
postulantes a juez) se hiciera con cierta
laxitud, porque de lo contrario se corría
el riesgo de quedarse sin los funcionarios
que permitieran la puesta en marcha de la
nueva herramienta procesal.
Esa fue una situación desfavorable para la
calidad en la composición del poder
judicial y tuvo que ver con un error
importante del Gobernador de entonces,
Eduardo Duhalde, que se apresuró en la
sanción de la Ley. Hacía falta más tiempo
para conformar todas las estructuras
judiciales e incluso para formar a los
futuros jueces. En Córdoba, cuya estructura
judicial se copió en Buenos Aires, se
tomaron cinco años para poner en marcha la
reforma.
RP-¿Quiere
decir que existen jueces que hoy permanecen
en sus cargos, y que durante la reforma
judicial no estaban totalmente aptos?
PB -La reforma, mal implementada,
llevó a que hubiera una permisión mayor a
la deseable en la nominación de muchos de
los jueces que hoy están a cargo de la
Justicia Penal. Tal vez habría otros
mejores; pero con los que se postularon, no
se habría podido completar el número de
jueces necesarios para hacer funcionar el
sistema si se hubiera afinado la puntería
respecto de la calidad de los mismos.
Existen jueces que fueron nombrados porque
no había otros mejores.
RP-¿Cuál
es el área cuyo estado es más crítico en
la Justicia provincial?
PB-Indudablemente, el Fuero Penal.
Este está sometido a un bombardeo de causas
muy importante, de las cuales la mayoría no
pertenece a las que más daño hacen a la
sociedad. Es un serio déficit del sistema,
porque contribuye a deslegitimarlo. Los que
más daño causan a la sociedad, seguramente
no son quienes hoy están absorbidos por la
agencia penal. Hay delitos de los llamados
de guante blanco, delitos contra la
administración pública, en los cuales un
solo hecho muchas veces produce un impacto
-si bien económico- en vidas humanas, salud
pública, educación, que es en comparación
infinitamente superior al que producen -en
su conjunto- los que hoy son sometidos a
proceso.
Ante esto, la Justicia está absolutamente
mal preparada. Si no se cambia este nivel de
legitimación, preparándose a la Justicia
para asumir la responsabilidad de perseguir
y procesar estos delitos de guante blanco,
evidentemente la legitimación del Poder
Judicial en el Fuero Penal va a continuar
decreciendo.
RP-¿Sería
necesario, entonces, avanzar en una
reestructuración general del sistema de
Justicia en la Provincia?
PB -Yo creo que incluso sería menos
costoso que mantener el sistema actual,
porque éste está poblado de una infinidad
de causas que pertenecen a personas
procesadas, sin sentencia sino hasta varios
años después, que en su mayoría son las
que provocan la superpoblación de las
cárceles. El sistema está absolutamente
colapsado, y así, lamentablemente, no
sirve. Hay que poner en manos de las propias
víctimas el movimiento de las causas de
delitos menores contra la acción privada,
de manera que si no hay interés de la
víctima por seguir un proceso, este deba
decaer. Además, hay que preparar en ese
sentido a los mismos funcionarios judiciales
que están trabajando actualmente y dotarlos
de los gabinetes técnicos y científicos
necesarios para poder investigar delitos de
gran complejidad económica o
administrativa.
RP-
¿Cómo repercute esta implementación del
sistema judicial en la actividad de los
abogados particulares?
PB -Indudablemente, los abogados que
hoy se abocan a causas penales tienen cada
vez menos trabajo, producto de que el 98 por
ciento de los procesados son absorbidos por
la égida de la Defensoría Oficial, por
razones económicas de los imputados. Al
mismo tiempo, el sistema de defensa oficial
es absolutamente insuficiente porque son muy
pocos en relación al impacto de la demanda.
Por esta situación hay muchas personas que
se quedan sin defensa por largo tiempo y a
la vez existe mucha mano de obra ociosa
entre los abogados privados.
Lo que se propone desde el Colegio es que de
algún modo se incorpore este recurso a la
órbita de la defensa oficial, con el Estado
naturalmente haciéndose cargo de los
honorarios. Esta sería una de las
herramientas de una reforma judicial en la
Provincia que con los años se hace cada vez
más impostergable.
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