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Entrevista
Exclusiva a Víctor Heredia
"Siempre
supe que tenía que vivir en un lugar como
Pilar"
Escuchar
a Victor Heredia es encontrar -más allá de
un cantautor excepcional- una persona que
muestra convicción en cada palabra y
conciente de que el hombre no está solo en
el mundo sino inmerso en una comunidad. En
un año de logros personales, profesionales
y sociales, el célebre cantautor radicado
hace años en Pilar nos abrió las puertas
de su casa para hablar sin restricciones.
Para
Víctor Heredia, el 2006 es un año de
saldar cuentas pendientes. Tal vez por el
desarrollo natural de una etapa personal y
profesional, pero posiblemente también
porque el mundo pareciera ajustarse a sus
ideales y expectativas.
La actualidad lo encuentra criando un nuevo
hijo literario -la novela "Rincón del
Diablo"-, que reabre así una faceta
que cerró hace años, la de escritor.
Además, por primera vez desde la vuelta a
la democracia en 1983, se encuentra en la
"misma vereda" con un Gobierno, al
menos desde el marco ideológico.
Este es un tiempo también lo encuentra
afianzando sus raíces y las de su propia
familia en un suelo que pisó desde chico y
por el que siente un afecto especial. Pilar
no lo ve más como una celebridad más que
vive en uno de sus barrios cerrados, sino
que también como lo disfruta como vecino
que encontró este lugar en el mundo
dispuesto a disfrutar de él pero sin
aislarse, comprometido con la comunidad a la
que pertenece. Razón por la que es común
verlo participando pródigamente en eventos
solidarios.
Tal
vez, ese compromiso social -plasmado en cada
una de sus canciones y en su lucha por los
derechos humanos- haya tenido génesis en
pasajes de su historia personal que lo
marcaron para toda la vida. Épocas
difíciles, traducidas en momentos tan
disímiles como buscar infructuosamente a un
familiar desaparecido, o trabajar como
vendedor de chacinados, de libros o cantante
publicitario para sostener a su madre, su
mujer y sus hijos. Historias vividas, que
transmite en sus letras y también en sus
libros.
Expresarse mediante la escritura, decirle
cosas a su país... y ayudar a su Pilar,
objetivos de Heredia que, con una carrera
musical exitosa, ya son metas que cumple
desde su casa en Mapuche. Propósitos,
fijados como corolario y balance de 59 años
de vida y 45 de carrera; que repasa en una
entrevista exclusiva con Revista Pilar
City & Countries.
Revista
Pilar City & Countries -¿Cómo
descubriste Pilar?
Victor Heredia-Yo no descubrí a
Pilar, sino que es parte de mi vida desde
que yo era chico. Yo vivía en Paso del Rey,
un pueblo mucho más pequeño que lo que era
Pilar en ese momento. Así que mis salidas
de adolescente eran a Pilar. Lo único que
hice fue regresar. Siempre tuve el
convencimiento de que tenía que vivir en un
lugar como Pilar y fue así que en el año
1984 pude comprar una casa y la utilicé
durante mucho tiempo como de fin de semana.
En estos últimos cuatro años estoy
viviendo acá porque me pareció la
decisión más saludable para mis hijos y
para la familia. Nos quise dar la
posibilidad de estar en un lugar con paz y
menos histeria que Buenos Aires.
P
C&C-¿Qué diferencias encontrás entre
el Pilar de tu infancia y el actual?
VH-En aquél Pilar sólo había campo,
carros, caballos y calles de tierra. Hoy es
impresionante, tenés hoteles, edificios
espectaculares, shoppings, bancos por todos
lados, concesionarias de primera línea, una
Panamericana que antes no existía. Llegar a
Pilar en el año '84 era un sufrimiento.
Para venir hasta acá había que tomarse
como dos horas, sabía cuando salía pero no
cuando llegaba, y ni hablar si llovía. Pero
el crecimiento que experimentó Pilar en
estos años, en todo sentido, es
impresionante, debe ser uno de los lugares
con más explosión demográfica y
económica de toda la Argentina.
P
C&C- Y desde tu casa en Pilar, ¿Cuáles
son hoy las cosas que te motivan?
VH-Mis motivaciones pasan hoy por la
necesidad de escribir, y últimamente de
mostrar lo que escribo. Después de una
carrera compositor y cantante, la literatura
viene a ser algo así como el cumplimiento
de una asignatura pendiente. Yo escribo
desde muy joven, por eso empecé mis
estudios en Filosofía y Letras, que no pude
terminar nunca porque cuando comenzó mi
carrera como músico no pude seguir siendo
alumno regular de la facultad. Además,
sentía que todo lo que escribía era para
quedar guardado en un cajón, hasta que dos
años atrás me proponen la edición de mi
novela "Alguien aquí conmigo", lo
que me entusiasmó mucho porque me di cuenta
que podía hacer las dos cosas paralelamente
sin que una se molestara con la otra. Ahora
quiero que la gente encuentre leyendo mi
última novela el placer que yo encontré al
escribirla, porque tiene que ver con
recuperar cosas de su pensamiento que tal
vez uno toma en cuenta todos los días. Por
ejemplo, en el libro está expuesta
claramente -en el personaje principal- algo
que sostengo, que la sensación de que la
palabra puede vencer a la fuerza bruta.
P
C&C-¿Se relaciona este concepto con lo
que intentás transmitir en tus canciones?
VH-Sí, de alguna u otra manera está
presente, aunque no esté la novela basada
en una historia social o un hecho político,
como sí mis canciones.
Ideales
familiares
P C&C-¿Cómo elegiste este camino de la
protesta social a través de la música?
VH-Creo que esas cosas no se eligen.
Cuando uno pretende, como la mayoría en
este mundo, defender la justicia, tomar
conciencia de lo que nos pasa, persigue la
paz y la solidaridad, no elige un camino
sino una forma de vida, un pensamiento. Lo
único que hice fue trasladar esos
sentimientos y expectativas a mi trabajo.
P
C&C-Debe haber en tu historia elementos
que te llevaron a crear esa ideología
VH-Fundamentalmente, la conducta que me
demostró mi padre. Soy un convencido de que
el mejor ejemplo que uno puede recibir viene
de su familia. Uno puede asistir a muchas
escuelas pero la educación fundamental te
la da la familia. Mi padre era una persona
con una voluntad muy férrea, un trabajador
incansable, y tenía una visión muy firme
de lo que era la sociedad y la supo
transmitir muy bien. En última instancia,
lo que uno hace es repetir los ejemplos
recibidos en la vida y que sembraron en mí
muchísimas cosas, como la necesidad de
señalar o modificar lo que creo que está
mal.
P
C&C-¿De tu padre también heredaste tu
pasión por la música?
VH- No, de mi familia soy el primer y
único músico. Al contrario, él veía en
esto algo pasajero. Él quería que
terminara mis estudios y me transformara en
alguien con trascendencia, creyendo que la
música no me iba a permitir eso. Igual,
después se dio cuenta que mi vocación era
más fuerte que todo y me acompañó.
P
C&C-¿Cuáles fueron tus primeros
contactos con la música?
VH-Al lado de la casa de Capital en la
que yo vivía de chico (en el barrio
Montserrat), había una imprenta y yo tenía
buena relación directa con los obreros que
trabajaban ahí. Entonces, cuando llegaba
del colegio me iba a visitarlos y ver como
trabajaban en las máquinas, recuerdo la
linotipo, la Minerva, la guillotina. Uno de
ellos me hacía escuchar cuentos de terror,
y tal vez tenga que ver con lo que después
quise hacer en la vida. Pero allí todos
escuchaban la radio, y cada uno tenía una
emisora distinta con distinta música. Lo
que más me gustaba era Atahualpa Yupanqui,
así que rápidamente me aprendí las
canciones. Desde chico me impresionó la
manera de cantar de Atahualpa. Y empecé a
cantar en la imprenta, con una guitarra que
me regaló mi viejo.
P
C&C-¿Y el primer disco cómo llegó?
VH-Cuando estaba en la universidad, yo
aún sentía que la música era un
pasatiempo, pero igual cantaba y componía.
En el año 1967, fui a ver el Festival de
Cosquín y mis amigos me insistieron para
que cantara en una de las peñas.
Dio la casualidad que me estaba viendo el
presidente del Festival, que me felicitó y
me invitó a participar del concurso para
elegir la revelación juvenil del año... el
que finalmente gané.
Me habían tenido que prestar ropa y
guitarra porque no había llevado nada, yo
había ido de vacaciones. Inmediatamente,
dos empresarios de la vieja "RCA
Víctor" me ofrecieron un contrato para
grabar un disco.
Los
años de plomo
P C&C-Tu carrera comenzó a tomar vuelo
cuando se estaba gestando en el país el
movimiento que derivó en la dictadura
militar del '76. ¿Cómo viviste esa época,
teniendo en cuenta que fuiste muy
perseguido?
VH-En ese momento, la censura y la
persecución era una cosa ajena a mí, yo
hacía lo mío y punto. Las compañías
discográficas accedían a regañadientes a
ciertas cosas porque sabían que yo no iba a
cambiar el rumbo de lo que pretendía
cantar. Así que tuve que hacer un camino
difícil y en algunos momentos trágico y
doloroso, después de exponer mi visión de
lo que pasaba en ese momento en el país. Yo
tuve muchas presiones. En el '74 empezaron
las amenazas de muerte de la AAA casi todos
los días, y en el '76 se confirmó mi
censura en todas las radios y teatros del
país, lo que hizo que yo no pudiera
trabajar en ningún lado. Dos años
después, la compañía discográfica que
trabajaba conmigo decidió mandarme a Europa
para salvaguardarme, pero no me pude quedar
más de tres meses. 
Volví porque tenía cuestiones
personales que resolver acá, pero la verdad
es que la situación estaba para que me
fuera. Había demasiadas amenazas y
presiones. Volví a irme a Madrid, donde
grabé un disco. Uno de mis amigos más
duraderos, el Nano Serrat, me pidió que me
quedara en Barcelona, pero yo quería
volverme a la Argentina, porque sentía que
la resistencia y todo lo que tenía para
hacer estaba acá, así que volví
definitivamente.
P
C&C ¿Cuándo volviste a tener libertad
para trabajar?
VH-Tuve que esperar al retorno de la
democracia, en 1983, para poder cantar en
los teatros en donde hasta ese momento me
amenazaban con ponerme bombas y matarme a
mí, a mis músicos o a los empresarios que
trabajaban conmigo. A las pocas semanas de
haber asumido Raúl Alfonsín, mi primera
presentación fue en la televisión, en un
programa de Juan Carlos Mareco. Igualmente,
un año antes la revista Humor organizó un
concierto en Obras Sanitarias con varios
artistas, entre ellos yo. La respuesta del
público fue increíble, después de haber
sido prohibidos durante siete años. Está
bien, en esa época estábamos todavía bajo
la censura, pero ellos ya no tenían manera
de seguir evitando las expresiones
populares.
P
C&C-¿Qué secuelas te dejó la
dictadura?
VH- Como si fuera poco, mi hermana fue
secuestrada junto con su marido y fue
desaparecida desde junio de 1976. Hasta el
día de hoy no sé nada de ella ni de su
cuerpo. Por eso, el compromiso con la causa
y los derechos humanos responde en gran
medida a motivaciones personales. Lo mismo
motivó que yo no quisiera irme del país,
yo tenía que buscar a mis seres queridos,
tenía que resolver esa situación familiar.
Como todos en aquella época, no teníamos
noticias exactas, no sabíamos lo que estaba
pasando pero teníamos esperanzas de que
estuviera detenida en alguna cárcel
clandestina. Nunca habíamos concebido
semejante tragedia. Después de eso, yo me
tuve que hacer cargo de mi madre y la
familia que yo había creado con mi esposa y
mis hijos. Por todo esto, el trabajo por la
recuperación es para mí una cuestión casi
ética.
P
C&C-¿Cuáles fueron los ejes de tus
temas después de toda esa época?
VH- La necesidad de afianzar las
libertades individuales y los derechos de
los ciudadanos, siempre fueron una especie
de tema medular. Yo tenía la absoluta
seguridad de que los argentinos, a pesar de
todo, podíamos salir adelante mediante la
inteligencia y la formación y el análisis
sobre los políticos que teníamos que
elegir para que conduzcan la nación. El
camino no fue sencillo, nos equivocamos como
suele suceder con muchos pueblos. Pero aquí
está la democracia, es lo que hemos
conseguido y puede mejorarse.
P
C&C-¿Cómo ves la situación política?
VH- Estoy de acuerdo con muchas cosas
que se hicieron y creo que faltan muchas
otras. Pero la necesidad de poner sobre la
mesa nuestra historia reciente y la defensa
de los derechos humanos, son caminos
extraordinarios. También destaco el corte
con la deuda ante el Fondo Monetario
Internacional y el crecimiento del campo.
Falta mejorar el tema de la inserción
laboral, mejorar los sueldos, dignidad para
nuestros mayores. Pero veo la intención de
reconstruir cosas en democracia, eso es
fundamental.
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