Revista Pilar C&C

19/09/06

 

Entrevista Exclusiva a Víctor Heredia
"Siempre supe que tenía que vivir en un lugar como Pilar"

Escuchar a Victor Heredia es encontrar -más allá de un cantautor excepcional- una persona que muestra convicción en cada palabra y conciente de que el hombre no está solo en el mundo sino inmerso en una comunidad. En un año de logros personales, profesionales y sociales, el célebre cantautor radicado hace años en Pilar nos abrió las puertas de su casa para hablar sin restricciones.

Para Víctor Heredia, el 2006 es un año de saldar cuentas pendientes. Tal vez por el desarrollo natural de una etapa personal y profesional, pero posiblemente también porque el mundo pareciera ajustarse a sus ideales y expectativas.
La actualidad lo encuentra criando un nuevo hijo literario -la novela "Rincón del Diablo"-, que reabre así una faceta que cerró hace años, la de escritor. Además, por primera vez desde la vuelta a la democracia en 1983, se encuentra en la "misma vereda" con un Gobierno, al menos desde el marco ideológico.

Este es un tiempo también lo encuentra afianzando sus raíces y las de su propia familia en un suelo que pisó desde chico y por el que siente un afecto especial. Pilar no lo ve más como una celebridad más que vive en uno de sus barrios cerrados, sino que también como lo disfruta como vecino que encontró este lugar en el mundo dispuesto a disfrutar de él pero sin aislarse, comprometido con la comunidad a la que pertenece. Razón por la que es común verlo participando pródigamente en eventos solidarios.

Tal vez, ese compromiso social -plasmado en cada una de sus canciones y en su lucha por los derechos humanos- haya tenido génesis en pasajes de su historia personal que lo marcaron para toda la vida. Épocas difíciles, traducidas en momentos tan disímiles como buscar infructuosamente a un familiar desaparecido, o trabajar como vendedor de chacinados, de libros o cantante publicitario para sostener a su madre, su mujer y sus hijos. Historias vividas, que transmite en sus letras y también en sus libros.

Expresarse mediante la escritura, decirle cosas a su país... y ayudar a su Pilar, objetivos de Heredia que, con una carrera musical exitosa, ya son metas que cumple desde su casa en Mapuche. Propósitos, fijados como corolario y balance de 59 años de vida y 45 de carrera; que repasa en una entrevista exclusiva con Revista Pilar City & Countries.

Revista Pilar City & Countries -¿Cómo descubriste Pilar?
Victor Heredia-Yo no descubrí a Pilar, sino que es parte de mi vida desde que yo era chico. Yo vivía en Paso del Rey, un pueblo mucho más pequeño que lo que era Pilar en ese momento. Así que mis salidas de adolescente eran a Pilar. Lo único que hice fue regresar. Siempre tuve el convencimiento de que tenía que vivir en un lugar como Pilar y fue así que en el año 1984 pude comprar una casa y la utilicé durante mucho tiempo como de fin de semana. En estos últimos cuatro años estoy viviendo acá porque me pareció la decisión más saludable para mis hijos y para la familia. Nos quise dar la posibilidad de estar en un lugar con paz y menos histeria que Buenos Aires.

P C&C-¿Qué diferencias encontrás entre el Pilar de tu infancia y el actual?
VH
-En aquél Pilar sólo había campo, carros, caballos y calles de tierra. Hoy es impresionante, tenés hoteles, edificios espectaculares, shoppings, bancos por todos lados, concesionarias de primera línea, una Panamericana que antes no existía. Llegar a Pilar en el año '84 era un sufrimiento. Para venir hasta acá había que tomarse como dos horas, sabía cuando salía pero no cuando llegaba, y ni hablar si llovía. Pero el crecimiento que experimentó Pilar en estos años, en todo sentido, es impresionante, debe ser uno de los lugares con más explosión demográfica y económica de toda la Argentina.

P C&C- Y desde tu casa en Pilar, ¿Cuáles son hoy las cosas que te motivan?
VH-
Mis motivaciones pasan hoy por la necesidad de escribir, y últimamente de mostrar lo que escribo. Después de una carrera compositor y cantante, la literatura viene a ser algo así como el cumplimiento de una asignatura pendiente. Yo escribo desde muy joven, por eso empecé mis estudios en Filosofía y Letras, que no pude terminar nunca porque cuando comenzó mi carrera como músico no pude seguir siendo alumno regular de la facultad. Además, sentía que todo lo que escribía era para quedar guardado en un cajón, hasta que dos años atrás me proponen la edición de mi novela "Alguien aquí conmigo", lo que me entusiasmó mucho porque me di cuenta que podía hacer las dos cosas paralelamente sin que una se molestara con la otra. Ahora quiero que la gente encuentre leyendo mi última novela el placer que yo encontré al escribirla, porque tiene que ver con recuperar cosas de su pensamiento que tal vez uno toma en cuenta todos los días. Por ejemplo, en el libro está expuesta claramente -en el personaje principal- algo que sostengo, que la sensación de que la palabra puede vencer a la fuerza bruta.

P C&C-¿Se relaciona este concepto con lo que intentás transmitir en tus canciones?
VH
-Sí, de alguna u otra manera está presente, aunque no esté la novela basada en una historia social o un hecho político, como sí mis canciones.

Ideales familiares
P C&C-¿Cómo elegiste este camino de la protesta social a través de la música?
VH
-Creo que esas cosas no se eligen. Cuando uno pretende, como la mayoría en este mundo, defender la justicia, tomar conciencia de lo que nos pasa, persigue la paz y la solidaridad, no elige un camino sino una forma de vida, un pensamiento. Lo único que hice fue trasladar esos sentimientos y expectativas a mi trabajo.

P C&C-Debe haber en tu historia elementos que te llevaron a crear esa ideología
VH-
Fundamentalmente, la conducta que me demostró mi padre. Soy un convencido de que el mejor ejemplo que uno puede recibir viene de su familia. Uno puede asistir a muchas escuelas pero la educación fundamental te la da la familia. Mi padre era una persona con una voluntad muy férrea, un trabajador incansable, y tenía una visión muy firme de lo que era la sociedad y la supo transmitir muy bien. En última instancia, lo que uno hace es repetir los ejemplos recibidos en la vida y que sembraron en mí muchísimas cosas, como la necesidad de señalar o modificar lo que creo que está mal.

P C&C-¿De tu padre también heredaste tu pasión por la música?
VH-
No, de mi familia soy el primer y único músico. Al contrario, él veía en esto algo pasajero. Él quería que terminara mis estudios y me transformara en alguien con trascendencia, creyendo que la música no me iba a permitir eso. Igual, después se dio cuenta que mi vocación era más fuerte que todo y me acompañó.

P C&C-¿Cuáles fueron tus primeros contactos con la música?
VH
-Al lado de la casa de Capital en la que yo vivía de chico (en el barrio Montserrat), había una imprenta y yo tenía buena relación directa con los obreros que trabajaban ahí. Entonces, cuando llegaba del colegio me iba a visitarlos y ver como trabajaban en las máquinas, recuerdo la linotipo, la Minerva, la guillotina. Uno de ellos me hacía escuchar cuentos de terror, y tal vez tenga que ver con lo que después quise hacer en la vida. Pero allí todos escuchaban la radio, y cada uno tenía una emisora distinta con distinta música. Lo que más me gustaba era Atahualpa Yupanqui, así que rápidamente me aprendí las canciones. Desde chico me impresionó la manera de cantar de Atahualpa. Y empecé a cantar en la imprenta, con una guitarra que me regaló mi viejo.

P C&C-¿Y el primer disco cómo llegó?
VH
-Cuando estaba en la universidad, yo aún sentía que la música era un pasatiempo, pero igual cantaba y componía. En el año 1967, fui a ver el Festival de Cosquín y mis amigos me insistieron para que cantara en una de las peñas.
Dio la casualidad que me estaba viendo el presidente del Festival, que me felicitó y me invitó a participar del concurso para elegir la revelación juvenil del año... el que finalmente gané.
Me habían tenido que prestar ropa y guitarra porque no había llevado nada, yo había ido de vacaciones. Inmediatamente, dos empresarios de la vieja "RCA Víctor" me ofrecieron un contrato para grabar un disco.

Los años de plomo
P C&C-Tu carrera comenzó a tomar vuelo cuando se estaba gestando en el país el movimiento que derivó en la dictadura militar del '76. ¿Cómo viviste esa época, teniendo en cuenta que fuiste muy perseguido?

VH-En ese momento, la censura y la persecución era una cosa ajena a mí, yo hacía lo mío y punto. Las compañías discográficas accedían a regañadientes a ciertas cosas porque sabían que yo no iba a cambiar el rumbo de lo que pretendía cantar. Así que tuve que hacer un camino difícil y en algunos momentos trágico y doloroso, después de exponer mi visión de lo que pasaba en ese momento en el país. Yo tuve muchas presiones. En el '74 empezaron las amenazas de muerte de la AAA casi todos los días, y en el '76 se confirmó mi censura en todas las radios y teatros del país, lo que hizo que yo no pudiera trabajar en ningún lado. Dos años después, la compañía discográfica que trabajaba conmigo decidió mandarme a Europa para salvaguardarme, pero no me pude quedar más de tres meses.
Volví porque tenía cuestiones personales que resolver acá, pero la verdad es que la situación estaba para que me fuera. Había demasiadas amenazas y presiones. Volví a irme a Madrid, donde grabé un disco. Uno de mis amigos más duraderos, el Nano Serrat, me pidió que me quedara en Barcelona, pero yo quería volverme a la Argentina, porque sentía que la resistencia y todo lo que tenía para hacer estaba acá, así que volví definitivamente.

P C&C ¿Cuándo volviste a tener libertad para trabajar?
VH-
Tuve que esperar al retorno de la democracia, en 1983, para poder cantar en los teatros en donde hasta ese momento me amenazaban con ponerme bombas y matarme a mí, a mis músicos o a los empresarios que trabajaban conmigo. A las pocas semanas de haber asumido Raúl Alfonsín, mi primera presentación fue en la televisión, en un programa de Juan Carlos Mareco. Igualmente, un año antes la revista Humor organizó un concierto en Obras Sanitarias con varios artistas, entre ellos yo. La respuesta del público fue increíble, después de haber sido prohibidos durante siete años. Está bien, en esa época estábamos todavía bajo la censura, pero ellos ya no tenían manera de seguir evitando las expresiones populares.

P C&C-¿Qué secuelas te dejó la dictadura?
VH-
Como si fuera poco, mi hermana fue secuestrada junto con su marido y fue desaparecida desde junio de 1976. Hasta el día de hoy no sé nada de ella ni de su cuerpo. Por eso, el compromiso con la causa y los derechos humanos responde en gran medida a motivaciones personales. Lo mismo motivó que yo no quisiera irme del país, yo tenía que buscar a mis seres queridos, tenía que resolver esa situación familiar. Como todos en aquella época, no teníamos noticias exactas, no sabíamos lo que estaba pasando pero teníamos esperanzas de que estuviera detenida en alguna cárcel clandestina. Nunca habíamos concebido semejante tragedia. Después de eso, yo me tuve que hacer cargo de mi madre y la familia que yo había creado con mi esposa y mis hijos. Por todo esto, el trabajo por la recuperación es para mí una cuestión casi ética.

P C&C-¿Cuáles fueron los ejes de tus temas después de toda esa época?
VH-
La necesidad de afianzar las libertades individuales y los derechos de los ciudadanos, siempre fueron una especie de tema medular. Yo tenía la absoluta seguridad de que los argentinos, a pesar de todo, podíamos salir adelante mediante la inteligencia y la formación y el análisis sobre los políticos que teníamos que elegir para que conduzcan la nación. El camino no fue sencillo, nos equivocamos como suele suceder con muchos pueblos. Pero aquí está la democracia, es lo que hemos conseguido y puede mejorarse.

P C&C-¿Cómo ves la situación política?
VH-
Estoy de acuerdo con muchas cosas que se hicieron y creo que faltan muchas otras. Pero la necesidad de poner sobre la mesa nuestra historia reciente y la defensa de los derechos humanos, son caminos extraordinarios. También destaco el corte con la deuda ante el Fondo Monetario Internacional y el crecimiento del campo. Falta mejorar el tema de la inserción laboral, mejorar los sueldos, dignidad para nuestros mayores. Pero veo la intención de reconstruir cosas en democracia, eso es fundamental.

 

 


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