Entrevista
exclusiva con Humberto Zúccaro
“Hacer sacrificios de joven me ayudó a madurar”
La medicina y
la política son sus dos pasiones. El 10 de diciembre de 2003
asumió como intendente con la promesa de “curar a Pilar”.
Humberto Zúccaro -50 años recién cumplidos, padre de dos
hijos- logró llegar al sitio que más lo desvelaba en aquellas
jornadas en las que se inició como militante de la Juventud
Peronista. Sepa cómo vive y piensa la persona que desde hace
tres años rige el destino del Distrito.
La
ciudad en la que nací, vivo y moriré”. Así
define a Pilar el intendente Dr. Humberto
Zúccaro en el clásico ping-pong periodístico
que Revista Pilar City & Countries
suele publicar en un recuadro en cada
entrevista.
Es el
final de otra larga jornada que Zúccaro comenzó a las 5:30 am
y que concluirá cerca de las 21. No obstante, el primer
mandatario conversó en soledad y sin apuros durante dos horas
con Revista Pilar C&C repasando anécdotas de su
infancia, su pasión por la política, la vocación de médico, el
amor por su familia y ese fenómeno de masas llamado peronismo.
Carismático como pocos, este intendente peronista “Nacido y
Criado” en nuestra ciudad tiene entre sus objetivos
principales la integración, que lo lleva a desear “que los
hijos de la gente que vive en los countries se queden en
Pilar”.
Una
charla distinta, íntima, que buscó mostrar el hombre detrás
del político antes que la mera entrevista a la que está
acostumbrado el primer mandatario.
Revista
Pilar City & Countries -Intendente, cuéntenos sobre su
familia, su infancia
Humberto
Zúccaro - Nací en Pilar el 27 de octubre de 1956. En
realidad nací el 25, pero me anotaron dos días más tarde, por
eso celebro mi cumpleaños el 27. Mi familia estaba compuesta
por mi padre -Vicente Dalmacio Zúccaro- y mi madre -Juana
Celia Ataide-. Cuando yo tenía 8 años, nació mi hermana
Gladys. Mi madre era enfermera, recibida en la Cruz Roja, y mi
padre trabajó durante mucho tiempo en la famosa Telefónica
Argentina. Cuando se retiró, continuó trabajando: el colocó la
primera remisería en Pilar.
P C&C
-¿Cómo se recuerda en ese Pilar de antaño?
HZ -Yo
tuve una niñez muy feliz. Hay recuerdos que me quedaron
grabados, como mis primeras vacaciones: nos fuimos en un
Renault Gordini a Villa Carlos Paz. En ese sentido, siempre
mis padres me dieron la oportunidad de ir creciendo viéndolos
trabajar, y con mi hermana ayudábamos en casa, como
correspondía. Tanto Gladys como yo siempre estábamos
dispuestos a dar una mano para lavar los platos o limpiar la
casa. Teníamos que colaborar, ya que mis papás trabajaban los
dos, y no había posibilidad de tener una persona que viniera a
limpiar.
P C&C
-¿Y la relación con su hermana?
HZ
-Con mi hermana Gladys (N de R: actual Secretaria de
Desarrollo Humano y Social) crecimos ayudándonos siempre, y lo
más importante es que nunca hubo ningún problema, salvo los
celos propios de cuando ella comenzó a tener sus primeros
novios (risas). Pasé a ser muy ‘guardabosques’, al punto de
haber interrumpido alguna conversación, pero no me
arrepiento...
P C&C
-Era mal cuñado, entonces...
HZ -No,
lo que pasa es que Gladys tuvo un primer novio, que se llamaba
Fulvio, y nos encariñamos mucho. Lo que hacía era comparar a
cada uno con el primero, y no me caía bien ninguno.
P C&C -¿Y
ella lo celaba a Ud.?
HZ
-No, los celos fueron siempre de mí hacia ella. Gladys es muy
compañera, me cubría en todas mis aventuras. Yo me escapaba
para ver a una chica y ella siempre me estaba tapando.
El
final de la década de 1960 y el despunte de los ‘70 encontró a
un adolescente Humberto Zúccaro cursando su secundaria en el
Instituto Verbo Divino, establecimiento que en ese entonces
era exclusivo para alumnos varones. Entre música progresiva y
pantalones Oxford, el joven aún ni soñaba con algún día ser el
intendente de los pilarenses.
P
C&C -¿Hay alguna ‘aventura’ de su juventud que todavía
recuerde?
HZ
-Bueno, los mejores tiempos fueron los de la secundaria. Yo me
recibí junto a otros 13 chicos en el Verbo Divino, en 1973, y
festejamos los 25 años de egresados yéndonos todos a Mar del
Plata. Además, tenemos la costumbre de reunirnos dos o tres
veces al año, siempre con la premisa de juntarnos con los
hijos, si se quiere, pero sin las mujeres. Hoy puedo decir con
orgullo que muchos de esos compañeros me están ayudando en la
función pública, aún sin haber militado nunca en política. Tal
vez el mejor recuerdo que tengo es el viaje a Bariloche:
fuimos en un tren que nos consiguió el diputado provincial por
el radicalismo José Haiek, que tardó 48 horas en llegar...
Como no teníamos plata fuimos a parar a un escuadrón militar
que estaba a 8 kilómetros del centro de la ciudad. La plata no
alcanzaba, entonces íbamos y volvíamos caminando, y comíamos
panchos con agua. En 15 días bajamos ocho kilos.
P C&C
-Aquél que diga que de Bariloche no trajo ninguna anécdota,
está mintiendo... ¿cuál es la suya?
HZ
-Recuerdo las noches de Grisú, habiendo tomado unas
copitas de más... Salí con una chica que terminó siendo
“novia” de tres de nosotros en una misma noche, y después nos
fuimos a dormir caminando los tres juntos. Lo más gracioso es
que íbamos contando cómo era la chica con la que habíamos
estado y, cuando nos dimos cuenta, habíamos estado con la
misma (risas).
P C&C
-¿Cuándo aparece en su vida María del Carmen, su esposa?
HZ -Carmen
llega dos años después de haberme recibido. Me la presentaron
unos amigos, y me sorprendió de ella su manera de hablar
–permanentemente hablaba-. Me enamoré de su dulzura en el
trato, y en seis meses nos casamos. Justo en ese tramo
falleció su padre, y eso nos unió mucho más.
P C&C -¿Y
qué significa hoy en día su mujer, como esposa y funcionaria
de su gabinete? (N de R: es Directora de la Unidad Municipal
de la Gestión Educativa)
HZ-Si
tuviera que nombrar dos manos derechas, elijo a Gladys y a
Carmen, por su vocación en educación y desarrollo social; no
sólo conteniendo a mis hijos, sino también tratando de ir
concretando los proyectos que soñábamos: las escuelas
municipales, el tener una universidad tecnológica en poco
tiempo, la integración de los chicos de capacidades
diferentes, etc. Son grandes luchadoras y un baluarte
importantísimo. Nos damos mucha fuerza entre los tres.
P C&C
-¿Cómo toman los chicos su vocación y profesión?
HZ
–Enrique y Jazmín son los que más sufren. No me gusta la
trasnoche, siempre tuve una vida muy ordenada, y trato de
llegar a mi casa a más tardar a las 21 para compartir la cena.
Enrique heredó mi pasión por la política, no así Jazmín, que
es más cuidadosa, más de la casa. Si algo me tengo que
reprochar es no haberme dedicado más tiempo a ellos por mi
actividad.
De
profesión, médico
P C&C
-¿Cuándo despertó su vocación por la medicina?
HZ
–Cuando tenía apenas cinco años. A esa edad, mi madre colocaba
inyecciones en Pilar. Iba en una motito, y yo la acompañaba.
Mi mamá trabajaba todos los días sin horarios, yo la he
acompañado a las 2 de la mañana a colocar una inyección... Se
ve que eso influyó mucho en mis decisiones. Esa humildad y
vocación de servicio me marcaron para que yo decidiera ser
médico.
P C&C
-¿Qué sacrificios tuvo que hacer para poder estudiar?
HZ - A
los 16 años comencé a trabajar en la remisería de mi padre,
eso me dio la posibilidad de poder bancarme el estudio. Éramos
de clase trabajadora y no podía comprar libros. Salía de Pilar
hacia la UBA a las 5:30, derecho a la biblioteca de la
facultad, en donde me pasaba horas estudiando. Recuerdo que
jamás faltaba el sándwich que me hacía mi mamá, para que no
gastara dinero en almuerzos. Al recibirme, una de las
ilusiones que pude concretar es pagarles a mis padres unas
vacaciones con mi primer sueldo. Lamentablemente, con mi madre
lo hice sólo una vez, porque al año siguiente falleció. Creo
que eso me llevó a tener una madurez que en medicina y
política me ha ayudado muchísimo.
P C&C
-Usted fue estudiante universitario en los ’70, una época muy
complicada…
HZ
-Sí, muy difícil. Recuerdo una clase de Bioquímica en la que
entraron los militares y nos pusieron a todos contra la pared.
Además, muchos compañeros están desaparecidos... Eso me marcó
mucho. Yo, que venía prácticamente del campo, salí muy
impresionado.
P C&C
-¿Hay algo que lo haya marcado a lo largo de su trayectoria
como médico?
HZ
–Sí, recuerdo mi primera guardia, en el Hospital Municipal,
con el doctor Del Río: “debuté” con la muerte de un chico de
18 años en una moto, y me tocó tener que avisarle a los
padres. Ahí me quedó marcado lo que es ser médico, fue una
prueba de fuego. Avisarle a una madre que había muerto su hijo
fue una de las cosas más difíciles que me pasó en la vida.
De
vocación, político
Difícil
era hace tres décadas atrás, para un joven estudiante de la
Universidad de Buenos Aires, cursar sus estudios sin
inmiscuirse en los avatares sociales y políticos de la época.
Los hechos demuestran que era extraño encontrar a alguien que,
por lo menos, no simpatizara con algunas de las muchas
corrientes de la época.
HZ –Mi
interés por la política surge en 1973. En ese año, yo
comenzaba la facultad. Imagínense, yo era de Pilar y eso
significaba ser casi un chico del campo. Cuando íbamos al
comedor con mis compañeros, yo sacaba el sándwich que me había
preparado mi mamá y tenía a tres policías que me vigilaban y
me preguntaban qué estaba haciendo... En esa época comencé a
militar en la Juventud Peronista (JP), pero luego me alejé
porque veía cosas que no me gustaban. Recién retomé la
actividad alrededor de 1980, en el pilarense Centro de
Soberanía Nacional, donde estaban entre otros el doctor
Petrocchi, el doctor Pérez Bodria, Nelson Carey... Ahí empecé
a relacionarme con gente que había leído a Arturo Jauretche, a
F.O.R.J.A. y demás. En 1983, cuando retornó la democracia, nos
lanzamos a la aventura de competir contra el gran caudillo que
tuvo Pilar, don Luis Lagomarsino.
P
C&C –¿Y qué lo llevó a iniciarse en la actividad?
HZ
-Tratar de ayudar a los que menos tienen, ser solidario... Lo
veía como una manera de devolverle a la sociedad lo que me
había dado. Yo trabajaba en el Hospital, y hacía recorridos en
la fábricas y muchas visitas domiciliarias, lo que me permitía
observar la realidad. Mi objetivo fue siempre ayudar a los que
menos tienen, no sólo desde la política, sino también desde mi
profesión.
P C&C -¿Se
arrepintió de haberse dedicado a la política?
HZ
-Nunca, soy un agradecido. Sí reconozco que en 1991, cuando me
postulé para intendente, no estaba preparado. Hoy agradezco
haber perdido contra Jorge Telmo Pérez, ya que no tenía ni
equipo técnico ni experiencia. Podría haber terminado muy mal.
Hoy tengo otra madurez, aunque me falta mucho por aprender: lo
más importante es saber escuchar al vecino sin perder la
humildad; ser el primero en llegar y el último en irse, para
exigirles lo mismo a mis funcionarios.
P C&C -
Usted nace en 1956, cuando nombrar a Perón estaba prohibido...
¿De qué forma empieza su atracción hacia el peronismo?
HZ –El
peronismo me atrajo desde niño. Hubo algo que me marcó: un día
-yo era muy chico- encontré a mi madre muy triste. Ella era
enfermera municipal, había venido de Santa Fe y nunca había
tenido actividad política alguna. Sin embargo, la echaron del
trabajo porque su tía (Mafalda Alberini) tenía una conocida
inclinación por el peronismo, aunque sin militar. Es decir, la
echaron por tener una tía peronista, la despidieron de un día
para el otro... Ese tipo de injusticias me marcaron, me
hicieron empezar a leer a Perón desde que tenía unos 18 años.
Además, como todo joven de ese entonces sentía una inclinación
hacia la izquierda, uno de mis ídolos era el “Che” Guevara.
P C&C
-¿Tuvo la oportunidad de verlo alguna vez a Perón?
HZ
-Sí, estuve en la Plaza de Mayo el día que echó a los
Montoneros. Era un Perón distinto al de los ’50, ya
desgastado. Y su muerte produjo un caos.
P C&C
-¿Cómo es ser peronista hoy? Hay kirchneristas,
antikirchneristas, menemistas, antimenemistas, duhaldistas...
HZ
-El peronismo es un movimiento nacional justicialista, y
yo siempre hablo de lo mismo con los dirigentes y con la
juventud: ya no se gana más con una marcha ni con los
símbolos. Se gana tratando de incorporar la mayor cantidad de
gente que provenga de ONG, instituciones intermedias, etc.,
pero no por pertenecer a determinados partidos políticos, que
se han quedado en el tiempo por no haber hecho un recambio de
dirigentes. Retomando la pregunta, el ser peronista –por lo
menos para mí- es seguir el ejemplo de Eva Duarte de Perón,
trabajadora incansable, sin horarios.
P C&C - A
propósito; ¿qué sintió al ver las recientes imágenes de San
Vicente?
HZ -Asco.
Sentí que se retrocedía 30 años. Si se quería rendir un
homenaje al General Perón, lo único que hicieron es tratar de
arruinar todo lo que la democracia consiguió. Como
justicialista me dio vergüenza ajena, hay que pedirle
disculpas a la sociedad. No son peronistas, son bandas de
delincuentes.
P C&C
–Al asumir, en diciembre de 2003, aseguró que Pilar estaba en
“coma 4”. ¿Dónde se encuentra ahora?
HZ
–Espero que en diciembre de 2007 pueda decir que el Partido
está saliendo del hospital, para que sea posible comenzar a
proyectar un Pilar diferente, con muchas cosas: con una
juventud mucho más protagonista, con la educación como base de
la familia, con abuelos felices, con comedores que se
transforman en guarderías porque los padres trabajan, con un
servicio de salud óptimo y gratuito, con un centro comercial
activo, con la futura Escuela Técnica del Parque Industrial...
Pilar se merece este tipo de cosas.
P C&C -¿Es
posible la integración con los clubes de campo?
HZ
-Sí. Es más: es obligatorio lograrla, de lo contrario no hay
crecimiento. Tiene que haber interacción sin invasión y sin
pedidos de favores imposibles. Mi objetivo es lograr que los
hijos de la gente que vive en los countries se queden en
Pilar, que éste sea su lugar de estudio y trabajo.
P C&C
-¿Qué lo llevó, a mediados de 2004, a “blanquear” su
acercamiento a Kirchner y el paso a sus filas?
HZ –Es
muy simple: un intendente no puede estar aislado de la
Provincia y de la Nación. Y quiero dejar aclarado que yo nunca
trabajé con el duhaldismo. Yo comencé a trabajar en el ’95 con
Jorge Telmo Pérez, que era cercano a Duhalde, pero yo nunca
tuve relación personal con él. Sí vi que el Conurbano creció
durante su gobierno, y cómo Pilar (conducido por Pérez o
Alberto Alberini) se perdió una oportunidad histórica. Por
eso, lo primero que hice apenas asumió el senador provincial
José Molina fue integrar a Pilar al Conurbano, ya que las
obras llegaban hasta Rodríguez, Merlo, José C. Paz, y el
Distrito quedaba afuera.
P C&C
-¿No le molesta que se diga que, a los intendentes, el
Presidente los “compró” con obras?
HZ
-Estoy convencido de que las obras grandes del Distrito no
pueden hacerse sólo desde la administración municipal. Uno
podrá hacer asfalto en los barrios, pero obras como las Rutas
8, 25, 26 y 28, la Autopista Pilar-Pergamino, el camino de
circunvalación para quienes van en camino Pilar-Moreno, etc.,
se consiguen golpeando la puerta de Nación y Provincia. Yo soy
pilarense: mi partido político se acabó desde el día en que
fui elegido intendente. Por supuesto que quizás aspire a una
reelección, pero cuando asumo, asumo para todos. Si tomara la
decisión de presentarme de nuevo, iría por el Frente para la
Victoria, pero seguiría trabajando por todo Pilar sin
distinciones. La única camiseta que existe es la de Pilar, y
hay que defenderla por encima de todo.
Yo, el
Intendente
Con un
75% de su mandato cumplido –por lo menos en un primer período
(¿habrá reelección en 2007?)- Humberto Zúccaro tiene bien
estudiado cómo es el trajín que debe encarar un jefe comunal.
P C&C -¿Cómo es
un día en la vida de un intendente?
HZ -Me
levanto a las 5:30 gracias a mi “despertador”, mi suegra, con
quien vivo desde que me casé. Llego a la Municipalidad a las
6:20 y atiendo a grupos de vecinos. Comienzo a las 7 con los
funcionarios del gabinete. Luego están las audiencias, el
caminar el Distrito, las gestiones con Provincia y Nación, ver
las obras del Partido... Termino el día entrevistándome con
empresarios u organizaciones intermedias, llego a casa cerca
de las 21, para disfrutar de una cena con mi familia.
P C&C
-¿Tiene tiempo libre?
HZ –La
verdad, es que mi rol como intendente me deja muy poco tiempo
libre., y como también me quita mucho tiempo de estar con mi
familia, los escasos ratos libres que tengo se los dedico a mi
casa, a mi mujer y a mis hijos.
P C&C -¿Qué va a hacer cuando no sea más el jefe comunal?
HZ
-Hoy por hoy me interesa Pilar, no aspiro a ningún cargo
provincial ni nacional. Me gustaría volver a mi profesión, que
es mi vocación verdadera: la medicina es, por lejos, lo que
más extraño. Me quedaré aquí porque quiero seguir viviendo en
la misma casa, disfrutando de mi familia. Aspiro a seguir
siendo la misma persona que camine por la plaza, que vaya a
una cancha de fútbol o que se junte con los amigos.
P C&C –Más allá de la política y la medicina, ¿hay algo que lo
apasione de igual manera?
HZ
-Sí, el fútbol. Mi ídolo siempre fue el “Beto” Alonso, a quien
pude conocer. De chico jugaba sólo contra la pared, y con mis
amigos ocupaba la posición de número diez. Mi primera “rata”
en la escuela fue a los 16 años, yendo a la cancha de River.
Le ganamos 1 a 0 a Huracán, con gol de “Pinino” Mas.
P C&C -Complete la frase: “Me gustaría ser recordado como el
intendente que…”
HZ -…trabajó
para mejorar la calidad de vida de los pilarenses, llegando
por la puerta grande y yéndose por la puerta grande.
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