Revista Pilar City & Countries

20/12/06

 

Entrevista exclusiva con Humberto Zúccaro
“Hacer sacrificios de joven me ayudó a madurar”

La medicina y la política son sus dos pasiones. El 10 de diciembre de 2003 asumió como intendente con la promesa de “curar a Pilar”. Humberto Zúccaro -50 años recién cumplidos, padre de dos hijos- logró llegar al sitio que más lo desvelaba en aquellas jornadas en las que se inició como militante de la Juventud Peronista. Sepa cómo vive y piensa la persona que desde hace tres años rige el destino del Distrito.

La ciudad en la que nací, vivo y moriré”. Así define a Pilar el intendente Dr. Humberto Zúccaro en el clásico ping-pong periodístico que Revista Pilar City & Countries suele publicar en un recuadro en cada entrevista.

Es el final de otra larga jornada que Zúccaro comenzó a las 5:30 am y que concluirá cerca de las 21. No obstante, el primer mandatario conversó en soledad y sin apuros durante dos horas con Revista Pilar C&C repasando anécdotas de su infancia, su pasión por la política, la vocación de médico, el amor por su familia y ese fenómeno de masas llamado peronismo.

Carismático como pocos, este intendente peronista “Nacido y Criado” en nuestra ciudad tiene entre sus objetivos principales la integración, que lo lleva a desear “que los hijos de la gente que vive en los countries se queden en Pilar”.

Una charla distinta, íntima, que buscó mostrar el hombre detrás del político antes que la mera entrevista a la que está acostumbrado el primer mandatario.

Revista Pilar City & Countries -Intendente, cuéntenos sobre su familia, su infancia

Humberto Zúccaro - Nací en Pilar el 27 de octubre de 1956. En realidad nací el 25, pero me anotaron dos días más tarde, por eso celebro mi cumpleaños el 27. Mi familia estaba compuesta por mi padre -Vicente Dalmacio Zúccaro- y mi madre -Juana Celia Ataide-. Cuando yo tenía 8 años, nació mi hermana Gladys. Mi madre era enfermera, recibida en la Cruz Roja, y mi padre trabajó durante mucho tiempo en la famosa Telefónica Argentina. Cuando se retiró, continuó trabajando: el colocó la primera remisería en Pilar.

P C&C -¿Cómo se recuerda en ese Pilar de antaño?

HZ -Yo tuve una niñez muy feliz. Hay recuerdos que me quedaron grabados, como mis primeras vacaciones: nos fuimos en un Renault Gordini a Villa Carlos Paz. En ese sentido, siempre mis padres me dieron la oportunidad de ir creciendo viéndolos trabajar, y con mi hermana ayudábamos en casa, como correspondía. Tanto Gladys como yo siempre estábamos dispuestos a dar una mano para lavar los platos o limpiar la casa. Teníamos que colaborar, ya que mis papás trabajaban los dos, y no había posibilidad de tener una persona que viniera a limpiar.

P C&C -¿Y la relación con su hermana?

HZ -Con mi hermana Gladys (N de R: actual Secretaria de Desarrollo Humano y Social) crecimos ayudándonos siempre, y lo más importante es que nunca hubo ningún problema, salvo los celos propios de cuando ella comenzó a tener sus primeros novios (risas). Pasé a ser muy ‘guardabosques’, al punto de haber interrumpido alguna conversación, pero no me arrepiento...

P C&C -Era mal cuñado, entonces...

HZ -No, lo que pasa es que Gladys tuvo un primer novio, que se llamaba Fulvio, y nos encariñamos mucho. Lo que hacía era comparar a cada uno con el primero, y no me caía bien ninguno.

P C&C -¿Y ella lo celaba a Ud.?

HZ -No, los celos fueron siempre de mí hacia ella. Gladys es muy compañera, me cubría en todas mis aventuras. Yo me escapaba para ver a una chica y ella siempre me estaba tapando.

El final de la década de 1960 y el despunte de los ‘70 encontró a un adolescente Humberto Zúccaro cursando su secundaria en el Instituto Verbo Divino, establecimiento que en ese entonces era exclusivo para alumnos varones. Entre música progresiva y pantalones Oxford, el joven aún ni soñaba con algún día ser el intendente de los pilarenses.

P C&C -¿Hay alguna ‘aventura’ de su juventud que todavía recuerde?

HZ -Bueno, los mejores tiempos fueron los de la secundaria. Yo me recibí junto a otros 13 chicos en el Verbo Divino, en 1973, y festejamos los 25 años de egresados yéndonos todos a Mar del Plata. Además, tenemos la costumbre de reunirnos dos o tres veces al año, siempre con la premisa de juntarnos con los hijos, si se quiere, pero sin las mujeres. Hoy puedo decir con orgullo que muchos de esos compañeros me están ayudando en la función pública, aún sin haber militado nunca en política. Tal vez el mejor recuerdo que tengo es el viaje a Bariloche: fuimos en un tren que nos consiguió el diputado provincial por el radicalismo José Haiek, que tardó 48 horas en llegar... Como no teníamos plata fuimos a parar a un escuadrón militar que estaba a 8 kilómetros del centro de la ciudad. La plata no alcanzaba, entonces íbamos y volvíamos caminando, y comíamos panchos con agua. En 15 días bajamos ocho kilos.

P C&C -Aquél que diga que de Bariloche no trajo ninguna anécdota, está mintiendo... ¿cuál es la suya?

HZ -Recuerdo las noches de Grisú, habiendo tomado unas copitas de más... Salí con una chica que terminó siendo “novia” de tres de nosotros en una misma noche, y después nos fuimos a dormir caminando los tres juntos. Lo más gracioso es que íbamos contando cómo era la chica con la que habíamos estado y, cuando nos dimos cuenta, habíamos estado con la misma (risas).

P C&C -¿Cuándo aparece en su vida María del Carmen, su esposa?

HZ -Carmen llega dos años después de haberme recibido. Me la presentaron unos amigos, y me sorprendió de ella su manera de hablar –permanentemente hablaba-. Me enamoré de su dulzura en el trato, y en seis meses nos casamos. Justo en ese tramo falleció su padre, y eso nos unió mucho más.

P C&C -¿Y qué significa hoy en día su mujer, como esposa y funcionaria de su gabinete? (N de R: es Directora de la Unidad Municipal de la Gestión Educativa)

HZ-Si tuviera que nombrar dos manos derechas, elijo a Gladys y a Carmen, por su vocación en educación y desarrollo social; no sólo conteniendo a mis hijos, sino también tratando de ir concretando los proyectos que soñábamos: las escuelas municipales, el tener una universidad tecnológica en poco tiempo, la integración de los chicos de capacidades diferentes, etc. Son grandes luchadoras y un baluarte importantísimo. Nos damos mucha fuerza entre los tres.

P C&C -¿Cómo toman los chicos su vocación y profesión?

HZ –Enrique y Jazmín son los que más sufren. No me gusta la trasnoche, siempre tuve una vida muy ordenada, y trato de llegar a mi casa a más tardar a las 21 para compartir la cena. Enrique heredó mi pasión por la política, no así Jazmín, que es más cuidadosa, más de la casa. Si algo me tengo que reprochar es no haberme dedicado más tiempo a ellos por mi actividad.

De profesión, médico

P C&C -¿Cuándo despertó su vocación por la medicina?

HZ –Cuando tenía apenas cinco años. A esa edad, mi madre colocaba inyecciones en Pilar. Iba en una motito, y yo la acompañaba. Mi mamá trabajaba todos los días sin horarios, yo la he acompañado a las 2 de la mañana a colocar una inyección... Se ve que eso influyó mucho en mis decisiones. Esa humildad y vocación de servicio me marcaron para que yo decidiera ser médico.

P C&C -¿Qué sacrificios tuvo que hacer para poder estudiar?

HZ - A los 16 años comencé a trabajar en la remisería de mi padre, eso me dio la posibilidad de poder bancarme el estudio. Éramos de clase trabajadora y no podía comprar libros. Salía de Pilar hacia la UBA a las 5:30, derecho a la biblioteca de la facultad, en donde me pasaba horas estudiando. Recuerdo que jamás faltaba el sándwich que me hacía mi mamá, para que no gastara dinero en almuerzos. Al recibirme, una de las ilusiones que pude concretar es pagarles a mis padres unas vacaciones con mi primer sueldo. Lamentablemente, con mi madre lo hice sólo una vez, porque al año siguiente falleció. Creo que eso me llevó a tener una madurez que en medicina y política me ha ayudado muchísimo.

P C&C -Usted fue estudiante universitario en los ’70, una época muy complicada…

HZ -Sí, muy difícil. Recuerdo una clase de Bioquímica en la que entraron los militares y nos pusieron a todos contra la pared. Además, muchos compañeros están desaparecidos... Eso me marcó mucho. Yo, que venía prácticamente del campo, salí muy impresionado.

P C&C -¿Hay algo que lo haya marcado a lo largo de su trayectoria como médico?

HZ –Sí, recuerdo mi primera guardia, en el Hospital Municipal, con el doctor Del Río: “debuté” con la muerte de un chico de 18 años en una moto, y me tocó tener que avisarle a los padres. Ahí me quedó marcado lo que es ser médico, fue una prueba de fuego. Avisarle a una madre que había muerto su hijo fue una de las cosas más difíciles que me pasó en la vida.

De vocación, político

Difícil era hace tres décadas atrás, para un joven estudiante de la Universidad de Buenos Aires, cursar sus estudios sin inmiscuirse en los avatares sociales y políticos de la época. Los hechos demuestran que era extraño encontrar a alguien que, por lo menos, no simpatizara con algunas de las muchas corrientes de la época.

HZ –Mi interés por la política surge en 1973. En ese año, yo comenzaba la facultad. Imagínense, yo era de Pilar y eso significaba ser casi un chico del campo. Cuando íbamos al comedor con mis compañeros, yo sacaba el sándwich que me había preparado mi mamá y tenía a tres policías que me vigilaban y me preguntaban qué estaba haciendo... En esa época comencé a militar en la Juventud Peronista (JP), pero luego me alejé porque veía cosas que no me gustaban. Recién retomé la actividad alrededor de 1980, en el pilarense Centro de Soberanía Nacional, donde estaban entre otros el doctor Petrocchi, el doctor Pérez Bodria, Nelson Carey... Ahí empecé a relacionarme con gente que había leído a Arturo Jauretche, a F.O.R.J.A. y demás. En 1983, cuando retornó la democracia, nos lanzamos a la aventura de competir contra el gran caudillo que tuvo Pilar, don Luis Lagomarsino.

P C&C –¿Y qué lo llevó a iniciarse en la actividad?

HZ -Tratar de ayudar a los que menos tienen, ser solidario... Lo veía como una manera de devolverle a la sociedad lo que me había dado. Yo trabajaba en el Hospital, y hacía recorridos en la fábricas y muchas visitas domiciliarias, lo que me permitía observar la realidad. Mi objetivo fue siempre ayudar a los que menos tienen, no sólo desde la política, sino también desde mi profesión.

P C&C -¿Se arrepintió de haberse dedicado a la política?

HZ -Nunca, soy un agradecido. Sí reconozco que en 1991, cuando me postulé para intendente, no estaba preparado. Hoy agradezco haber perdido contra Jorge Telmo Pérez, ya que no tenía ni equipo técnico ni experiencia. Podría haber terminado muy mal. Hoy tengo otra madurez, aunque me falta mucho por aprender: lo más importante es saber escuchar al vecino sin perder la humildad; ser el primero en llegar y el último en irse, para exigirles lo mismo a mis funcionarios.

P C&C - Usted nace en 1956, cuando nombrar a Perón estaba prohibido... ¿De qué forma empieza su atracción hacia el peronismo?

HZ –El peronismo me atrajo desde niño. Hubo algo que me marcó: un día -yo era muy chico- encontré a mi madre muy triste. Ella era enfermera municipal, había venido de Santa Fe y nunca había tenido actividad política alguna. Sin embargo, la echaron del trabajo porque su tía (Mafalda Alberini) tenía una conocida inclinación por el peronismo, aunque sin militar. Es decir, la echaron por tener una tía peronista, la despidieron de un día para el otro... Ese tipo de injusticias me marcaron, me hicieron empezar a leer a Perón desde que tenía unos 18 años. Además, como todo joven de ese entonces sentía una inclinación hacia la izquierda, uno de mis ídolos era el “Che” Guevara.

P C&C -¿Tuvo la oportunidad de verlo alguna vez a Perón?

HZ -Sí, estuve en la Plaza de Mayo el día que echó a los Montoneros. Era un Perón distinto al de los ’50, ya desgastado. Y su muerte produjo un caos.

P C&C -¿Cómo es ser peronista hoy? Hay kirchneristas, antikirchneristas, menemistas, antimenemistas, duhaldistas...

HZ -El peronismo es un movimiento nacional justicialista, y yo siempre hablo de lo mismo con los dirigentes y con la juventud: ya no se gana más con una marcha ni con los símbolos. Se gana tratando de incorporar la mayor cantidad de gente que provenga de ONG, instituciones intermedias, etc., pero no por pertenecer a determinados partidos políticos, que se han quedado en el tiempo por no haber hecho un recambio de dirigentes. Retomando la pregunta, el ser peronista –por lo menos para mí- es seguir el ejemplo de Eva Duarte de Perón, trabajadora incansable, sin horarios.

P C&C - A propósito; ¿qué sintió al ver las recientes imágenes de San Vicente?

HZ -Asco. Sentí que se retrocedía 30 años. Si se quería rendir un homenaje al General Perón, lo único que hicieron es tratar de arruinar todo lo que la democracia consiguió. Como justicialista me dio vergüenza ajena, hay que pedirle disculpas a la sociedad. No son peronistas, son bandas de delincuentes.

P C&C –Al asumir, en diciembre de 2003, aseguró que Pilar estaba en “coma 4”. ¿Dónde se encuentra ahora?

HZ –Espero que en diciembre de 2007 pueda decir que el Partido está saliendo del hospital, para que sea posible comenzar a proyectar un Pilar diferente, con muchas cosas: con una juventud mucho más protagonista, con la educación como base de la familia, con abuelos felices, con comedores que se transforman en guarderías porque los padres trabajan, con un servicio de salud óptimo y gratuito, con un centro comercial activo, con la futura Escuela Técnica del Parque Industrial... Pilar se merece este tipo de cosas.

P C&C -¿Es posible la integración con los clubes de campo?

HZ -Sí. Es más: es obligatorio lograrla, de lo contrario no hay crecimiento. Tiene que haber interacción sin invasión y sin pedidos de favores imposibles. Mi objetivo es lograr que los hijos de la gente que vive en los countries se queden en Pilar, que éste sea su lugar de estudio y trabajo.
 

P C&C -¿Qué lo llevó, a mediados de 2004, a “blanquear” su acercamiento a Kirchner y el paso a sus filas?

HZ –Es muy simple: un intendente no puede estar aislado de la Provincia y de la Nación. Y quiero dejar aclarado que yo nunca trabajé con el duhaldismo. Yo comencé a trabajar en el ’95 con Jorge Telmo Pérez, que era cercano a Duhalde, pero yo nunca tuve relación personal con él. Sí vi que el Conurbano creció durante su gobierno, y cómo Pilar (conducido por Pérez o Alberto Alberini) se perdió una oportunidad histórica. Por eso, lo primero que hice apenas asumió el senador provincial José Molina fue integrar a Pilar al Conurbano, ya que las obras llegaban hasta Rodríguez, Merlo, José C. Paz, y el Distrito quedaba afuera.

P C&C -¿No le molesta que se diga que, a los intendentes, el Presidente los “compró” con obras?

HZ -Estoy convencido de que las obras grandes del Distrito no pueden hacerse sólo desde la administración municipal. Uno podrá hacer asfalto en los barrios, pero obras como las Rutas 8, 25, 26 y 28, la Autopista Pilar-Pergamino, el camino de circunvalación para quienes van en camino Pilar-Moreno, etc., se consiguen golpeando la puerta de Nación y Provincia. Yo soy pilarense: mi partido político se acabó desde el día en que fui elegido intendente. Por supuesto que quizás aspire a una reelección, pero cuando asumo, asumo para todos. Si tomara la decisión de presentarme de nuevo, iría por el Frente para la Victoria, pero seguiría trabajando por todo Pilar sin distinciones. La única camiseta que existe es la de Pilar, y hay que defenderla por encima de todo.

Yo, el Intendente

Con un 75% de su mandato cumplido –por lo menos en un primer período (¿habrá reelección en 2007?)- Humberto Zúccaro tiene bien estudiado cómo es el trajín que debe encarar un jefe comunal.

P C&C -¿Cómo es un día en la vida de un intendente?

HZ -Me levanto a las 5:30 gracias a mi “despertador”, mi suegra, con quien vivo desde que me casé. Llego a la Municipalidad a las 6:20 y atiendo a grupos de vecinos. Comienzo a las 7 con los funcionarios del gabinete. Luego están las audiencias, el caminar el Distrito, las gestiones con Provincia y Nación, ver las obras del Partido... Termino el día entrevistándome con empresarios u organizaciones intermedias, llego a casa cerca de las 21, para disfrutar de una cena con mi familia.

P C&C -¿Tiene tiempo libre?

HZ –La verdad, es que mi rol como intendente me deja muy poco tiempo libre., y como también me quita mucho tiempo de estar con mi familia, los escasos ratos libres que tengo se los dedico a mi casa, a mi mujer y a mis hijos.

P C&C -¿Qué va a hacer cuando no sea más el jefe comunal?

HZ -Hoy por hoy me interesa Pilar, no aspiro a ningún cargo provincial ni nacional. Me gustaría volver a mi profesión, que es mi vocación verdadera: la medicina es, por lejos, lo que más extraño. Me quedaré aquí porque quiero seguir viviendo en la misma casa, disfrutando de mi familia. Aspiro a seguir siendo la misma persona que camine por la plaza, que vaya a una cancha de fútbol o que se junte con los amigos.

P C&C –Más allá de la política y la medicina, ¿hay algo que lo apasione de igual manera?

HZ -Sí, el fútbol. Mi ídolo siempre fue el “Beto” Alonso, a quien pude conocer. De chico jugaba sólo contra la pared, y con mis amigos ocupaba la posición de número diez. Mi primera “rata” en la escuela fue a los 16 años, yendo a la cancha de River. Le ganamos 1 a 0 a Huracán, con gol de “Pinino” Mas.

P C&C -Complete la frase: “Me gustaría ser recordado como el intendente que…”

HZ -…trabajó para mejorar la calidad de vida de los pilarenses, llegando por la puerta grande y yéndose por la puerta grande.

 

 


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