Haras del Sol
Un
country donde se respira tranquilidad
Haras del Sol es la primera urbanización cerrada del país que
se sumó a la cultura slow. En ella, todo elemento de
infraestructura y reglamento están pensados para darle al
vecino un segundo más de calma y sosiego. Es un lugar donde
tomar contacto con la naturaleza a cada paso, sin que esto
signifique resignar la posibilidad de vivir en un lugar con
todas las comodidades y servicios. Haras del sol: las ventajas
de vivir a ritmo lento.

Si el objetivo de un club de campo es que las personas
que habitan en él logren desenchufarse del vertiginoso
ritmo de la vida cotidiana, entonces Haras del Sol ha
superado con creces la meta existencial de todo country.
Situado en el kilómetro 7,500 de la ruta 25 –camino a
Moreno-, esta urbanización de Pilar hizo punta en el país
con el concepto de concebir y desarrollar un espacio
exclusivamente dedicado a bajarle las pulsaciones a sus
socios. Ese es el concepto de Haras del Sol, el primer
country slow place, precursor de la cultura slow (lenta)
aplicada a la proyección urbanística.
Pero... ¿qué significa exactamente un lugar slow? Es un
espacio diseñado y adaptado a las características y
condiciones que impone el movimiento slow, una de las
filosofías modernas más recientes y más vertiginosamente –vaya
paradoja- expandidas en el mundo.
El movimiento slow nació en la ciudad de Bra, en Italia, en
el año 1986. En principio, esta filosofía surgió como
oposición a las comidas rápidas estadounidenses y, por
extensión, al concepto de vida industrial y precipitada que no
dejaba espacio ni tiempo para detenerse en las cosas buenas y
admirables de la vida. Las comidas slow valoran cada elemento
de su preparación, comercialización y consumo (ver cuadro en
página 16).
Afianzados estos ideales en su lugar de origen, fueron
expandiéndose en todos los órdenes de la vida –trabajo, ocio,
gestión pública- y hoy puede decirse que Bra es la primera
ciudad slow del mundo. Surgió como el modelo de ciudad lenta,
en la que se proponen más peatonales, bancos y árboles en
detrimento de relojes y grandes anuncios publicitarios en las
calles.
La tendencia fue bien aceptada en la comunidad europea y
fue expandiéndose hacia otros países, que si bien no adoptaron
su modo de vida en todo sentido sí tomaron muchos elementos en
una importante cantidad de lugares.
El fenómeno cobró una notoriedad internacional hace algunos
años, con el éxito del libro “Elogio de la lentitud” del
periodista y escritor canadiense Carl Honoré, el cual alentaba
el goce del tiempo para el logro de una vida menos frenética
en la que se pudiera avanzar en el desarrollo personal y
cultural.
Así, la movida slow se expandió en más de 80 ciudades
alrededor del mundo y llegó a la Argentina. Aquí recayó con
toda su fuerza en la ciudad de Mar de las Pampas, el primer
slow place en América Latina, donde sus playas tienen la
mínima infraestructura necesaria para potenciar su belleza
natural y preservar la biodiversidad propia del lugar.
Y, como no podía ser de otra manera, también llegó a los
clubes de campo por medio de Haras del Sol, un country que se
distinguió sustantivamente de los demás al tomar sus
desarrolladores la decisión de convertirse en la primera
urbanización privada slow de estas tierras.
“Todos vivimos corriendo para llegar a tiempo al trabajo,
para cubrir el banco, siempre a mil por hora. Pero uno llega a
Haras del Sol y baja cuatro cambios. Acá, lo único que
escuchás son los pájaros cantando y una vaca que muge de vez
en cuando”, relató a Revista Pilar City & Countries Roberto
Alonso, desarrollador del emprendimiento.
En efecto, todo en Haras del Sol está pensado para que el
vecino cruce la entrada e ingrese a un mundo completamente
diferente al que encuentra todos los días en su ambiente
laboral. La infraestructura del country ya existente (ex Pino
Solo) fue adaptada de acuerdo con las 55 condiciones que
impone la conformación de las ciudades slow. Por ejemplo, en
el country no hay calles con asfalto, sino que cuentan con un
granulado especial que disminuye el ruido del rodar de los
automóviles; además, claro, la velocidad máxima permitida es
de 20 kilómetros por hora.
En el masterplan de Haras del Sol se pensó que la
infraestructura deportiva y el sector hípico fueran dispuestos
en la zona de acceso para generar una primera experiencia
paisajística verde que produjera una sensación de relax, así
como también para alejar ruidos del sector de viviendas, que
se ubica al fondo del predio. “No quisimos centrar el club en
lo deportivo, como ocurre en la mayoría de los barrios, para
alejar a los vecinos del ruido lógico que significa un
complejo de espacios comunes. Si la gente quiere participar,
se acerca y si no desea hacerlo, se queda en su casa
disfrutando del verde y el silencio”, explicó Alonso.
También por eso la urbanización está loteada en terrenos
grandes, que van de los 1.500 a los 3.500 metros cuadrados de
superficie, aunque el 60 por ciento del predio está conformado
por espacios verdes sin contaminación visual ni auditiva, y
sin asentamientos cercanos. Además, todo el barrio está
rodeado por un circuito aeróbico en el que la gente puede
salir a caminar o correr para tomar contacto con la naturaleza
reinante.
Escapar del ruido
El perfil de vecino de Haras del Sol es el de un
profesional que tiene su trabajo en Capital Federal y que
busca en un barrio así escaparse de la vertiginosidad y el
ruido que debe soportar a diario en la city. En su amplia
mayoría, de este estilo de personas y sus familias se compone
la población de Haras del Sol, que ya tiene más de 50 casas
construidas y 20 familias viviendo de forma permanente. En
definitiva, la gente busca un lugar así como un cable a
tierra, para cambiar radicalmente su estilo de vida y tornarla
más agradable y serena.
“Hemos procurado en todo momento preservar la ecología del
lugar respetando la biodiversidad, para hacer de eso una
cualidad que la gente busca en nosotros; hay muchos que
quieren escapar del stress y huir de la ciudad hacia un
espacio natural, que encima le ofrece todas las comodidades y
servicios”, explicó el empresario.
Tales características, con el aliciente de encontrarse
inmersas en un lugar que pregona una filosofía de vida en
evolución, harían pensar a cualquiera que vivir en Haras del
Sol significa tener que calcular costos muy altos. Sin embargo
Gustavo Ortolá, quien forma parte del equipo de
comercialización, explicó que el barrio “ofrece escrituración
inmediata, expensas bajas y financiación propia sin requisitos
bancarios y con el mejor precio de la zona –entre 20 y 31
dólares- por metro cuadrado de construcción”.
A su vez, Alonso señaló: “Queremos que el barrio se pueble,
por eso buscamos darle al interesado todas las facilidades,
máxime si se trata de un perfil familiar que va con el barrio;
pero eso sólo se logra con un trato directo entre el
comercializador y el cliente, sin intermediarios, lo que
constituye otra de nuestras características”.
Otro motivo que puede despertar el interés por el barrio es
su ubicación, estratégica por su cercanía con Pilar (a diez
minutos del centro de la ciudad) y Moreno, y por la opción de
su doble acceso por Panamericana o Autopista del Oeste.
Haras del sol se ubica entre los complejos más atractivos
de Pilar, en un sector suburbano que incluye a clubes de campo
como San Diego y Boca Ratón, con una gran infraestructura
zonal que cuenta con hipermercados, centros educativos, de
salud y esparcimiento y una autopista como el Acceso Oeste.
Posee, además, una infraestructura interna y un equipamiento
deportivo a la altura de los más tradicionales y ostentosos
barrios privados de Pilar. Pero es dueño de un atributo
excepcional, que lo distingue de cualquier urbanización
existente: se integra al dedillo como una rama más de un
movimiento de alcance mundial que busca sobre todas las cosas
algo que en la sociedad actual es todo un hallazgo... la
tranquilidad.
Ficha Técnica
Ubicación: Ruta 25 kilómetro 7,500, Pilar (Buenos Aires)
Superficie: 67 hectáreas
Cantidad de lotes:
280 (50% vendidos)
Casas construidas: 50
Familias de vivienda permanente: 20
Superficie de Lotes:
desde 1.500 a 3.000 m2
Valor promedio de lotes:
entre 32.000 y 38.000 dólares
Expensas promedio:
300 pesos
Infraestructura: Club House de 1.200 m2 con restaurante,
bar, sala de juegos para chicos y adultos, salones de lectura
y esparcimiento, amplias galerías y solarium, piscina, una
capilla estilo colonial, red de servicios subterráneos y
vigilancia privada las 24 horas.
Instalaciones deportivas: sector para actividades hípicas
que incluye caballerizas, pista de salto y picadero; canchas
de tenis, paddle, fútbol, y un gimnasio.
web:
www.harasdelsol.com.ar
La comida
La cultura Slow nació originalmente de una iniciativa que
buscó poner un freno de mano en la alimentación de las
personas. El movimiento Slow Food nació puntualmente como una
forma de protesta de un grupo de cocineros italianos ante la
instalación de un local de comidas rápidas frente a la
histórica Piazza Spagna. Por eso, en reacción comenzaron a
abrir locales en los que se pusiera el acento en una ingesta
natural y a un ritmo lógico. Así, privilegiaron el disfrute de
la comida por sobre los once minutos promedio que conlleva
consumir una comida rápida.
El movimiento Slow Food revaloriza cada paso que
experimenta el alimentos desde que es obtenido en la
naturaleza hasta que llega a la boca del comensal: desde el
que lo obtiene hasta el que lo vende, desde el que lo elabora
hasta el que lo consume.
Santiago Abarca, especialista en Slow Food, explicó a
Revista Pilar C&C que “esta tendencia nace para tomar a la
alimentación como un producto cultural que tiene valor y debe
ser tenido en cuenta; una filosofía culinaria que generó un
cambio de modalidad de vida en general”.
Por eso, los cultores de la comida slow obtienen sus
materias primas de las manos menos industriales posibles,
“Nosotros trabajamos con las comunidades indígenas de la
Quebrada de Humahuaca, los pescadores artesanales de Mar del
Plata y Tierra del Fuego, y productores artesanales de Córdoba
y Mendoza”, indicó el chef.
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